En el contexto de varias denuncias de corrupción en algunas instituciones del Estado, el presidente Correa acaba de crear, mediante un decreto ejecutivo, la Secretaría Nacional de Transparencia de Gestión, que sustituye a la Secretaría Anticorrupción, que se suprimió después de la aprobación de la nueva Constitución. Al frente de esta nueva dependencia gubernamental estará también Alfredo Vera, viejo y controvertido actor de la política doméstica.
La Secretaría tendrá la responsabilidad de “investigar y denunciar” posibles actos de corrupción en entidades públicas. De esta manera se continuará con la lucha contra la corrupción, que ha sido bandera del régimen correísta. Una bandera que, a veces, se ha visto un tanto descolorida, agredida y desgajada por algún que otro funcionario aliancista un tanto díscolo.
No se aclara, desde luego, qué papel le corresponderá entonces a la Contraloría o a la propia Fiscalía, o cómo se articulará el trabajo de esta Secretaría con esas otras dos entidades públicas. Parece paradójico que, en tiempos de crisis, siga incrementándose el rol de pagos del gobierno.
En fin, para mantener las “manos limpias”, los que con “corazones ardientes” y “mentes lúcidas” quienes nos gobiernan necesitan, como en la novela de Orwell, la constante presencia del Gran Hermano, guiando y observando su gestión. A diferencia de la novela del célebre escritor y periodista inglés, nada hay de aterrador en ello, sino que se dé una sana medida profiláctica, como se diría en términos médicos.