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La sinrazón de la enmienda

La sinrazón de la enmienda

miércoles 04 de febrero de 2009, 17:10h

Democracia y permanecer indefinidamente en el poder son términos contradictorios

Acogotados por campañas electorales, atropellando los tiempos y acelerando su realización, nos encontramos a las puertas de una nueva consulta en la que, ocultando su verdadero objeto, se pretende imponer la posibilidad de la permanencia indefinida o ilimitada de quienes ocupan cargos de elección popular.

Este es el quid del asunto, encubierto bajo una pretendida ampliación de derechos, que solo es tal para quienes están en el poder y de la exaltación del voto del pueblo, según la tesis de que éste tendría facultades para resolverlo todo, lo cual es contrario a una norma fundamental de toda sociedad organizada, según la cual no se puede decidir, ni siquiera por mayoría, lo que es contrario a los derechos y exigencias fundamentales de un Estado de Derecho y de Justicia.

Dejando a un lado las complicaciones derivadas de la búsqueda de fórmulas leguleyescas que pretenden obviar el centro del problema, interesa destacar que la enmienda propuesta solo tiene como objetivo permitir a quien está en un cargo de elección de popular, que pueda, una y otra vez, ser postulado, elegido y, en consecuencia, permanecer sin límite de tiempo en aquel.

Por más vueltas que se le de al asunto queda en claro -y el Presidente así lo planteó- que se trata de la reelección indefinida, lo cual no se remedia con el recurso a sucesivas votaciones que solo muestran la apariencia de un sistema democrático. El hecho de votar no equivale a la libertad para elegir y la sucesiva convocatoria a elecciones no significa necesariamente respetar la voluntad del pueblo. Es más, un permanente llamado a votar, desacredita esos actos y una elección manipulada por el poder no refleja la verdadera intención del votante.

Democracia y posibilidad de permanecer indefinidamente en el poder son términos contradictorios. Es consustancial con una democracia el relevo o el cambio de quienes ejercen el poder y esto no puede ser una simple posibilidad, sino una realidad que solo es tal si hay un término fijado para el mandato. La simple hipótesis de que alguien pueda eternizarse en el poder es contrario a un sistema democrático, siendo uno de sus principios fundamentales la alternabilidad, la cual supone que el mandato de uno, de paso al mandato de otro (alter) y que resulta afectada por la posibilidad de que alguien pueda permanecer para siempre en un cargo.

Por lo demás, lo expresado no se sustenta en teorías, sino en la cruda realidad que nos enseña que el ejercicio del poder lleva a su abuso; quien está en el poder utiliza los recursos de éste para favorecer su permanencia en un cargo; quien está en el poder se coloca de espaldas al pueblo y termina favoreciendo sus propios intereses; y quien no está en el poder debe ser protegido, inclusive, contra el espejismo del respeto absoluto a la voluntad popular.

En pocas palabras, una democracia, para ser tal, no puede aceptar ni un mandato único, ni uno que pueda prolongarse sine die, porque deja de ser democracia. En conclusión, pues, plantear la reelección indefinida, bajo cualquier forma, es la negación misma del sistema que ha escogido el pueblo venezolano, cuyos derechos deben ser salvaguardados ante el poder del Estado.

aas@arteagasanchez.com

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