Todos los días el mundo pierde una cantidad asombrosa de niños: 30.500 por día, 11 millones por año, menores que pierden la vida por causas que en gran medida es posible prevenir.Se calcula que en las zonas rurales pierden la vida más niños trabajadores debido al envenenamiento con plaguicidas que a causa de todas las demás enfermedades más comunes de la infancia combinadas.
Millones de niñas tienen que aceptar el trillado camino de las tareas domésticas, el trabajo en el hogar para sus propias familias o fuera del hogar para otros.
En el decenio de 1990, en numerosos países se ha obligado a unos 300.000 niños a servir en las fuerzas armadas gubernamentales o de oposición.
De los 300 millones de adolescentes que fuman tabaco en todo el mundo, la mitad morirá más tarde a causa de una enfermedad relacionada con esta práctica.
Julius Neyrere, ex maestro de escuela y venerado primer presidente de la República Unida de Tanzania, dijo: “La educación no es una manera de escapar a la pobreza del país, es una manera de combatirla”.Los bienes de los tres multimillonarios más ricos del mundo, por ejemplo, son superiores al producto nacional bruto (PNB) combinado de los 48 países menos adelantados y sus 600 millones de habitantes.
Sabemos dónde encontrar los niños perdidos. Se encuentran en las tiendas de campaña y en los cuarteles de África, en los lupanares de Asia, en los tugurios de Europa y América del Norte, en las fábricas donde se explota a los obreros de América Latina. Al ver sus rostros, aun cuando sea fugazmente, ¿cómo podremos permitirnos olvidarlos?¿Nos limitamos a dar por perdidas sus vidas, a hacer caso omiso de sus futuros?
Más de un 20% de los niños en edad escolar primaria de los países en desarrollo –unos 130 millones- no acuden a la escuela. Solamente la mitad de los niños en edad escolar secundaria de los países en desarrollo –un 55% de los niños y un 46% de las niñas- están matriculados.La discrepancia en el número de niños que asisten a la escuela primaria entre zonas urbanas y zonas rurales es grande.
En Eritrea un 79% de los niños de las ciudades asisten a la escuela, mientras que en el campo lo hacen sólo un 24%: una diferencia de 55 puntos porcentuales.
En Burkina Faso y Níger se registraron disparidades de 40 o más punto porcentuales.
Hasta la fecha los métodos más eficaces para reducir la discrepancia entre ciudad y campo han sido los orientados a aumentar la asistencia de niñas. Benin, Mozambique y la República Centroafricana son los que mayor discrepancia presentan entre los niños huérfanos y los demás en materia de asistencia a la escuela. En Benin, por ejemplo, sólo un 17% de los niños que han perdido a sus progenitores asisten a la escuela, en comparación con un 50% de los niños con padre y madre vivos.
En los últimos diez años, más de dos millones de niños murieron o fueron asesinados como resultado directo de conflictos armados y seis millones han sufrido heridas graves o discapacidades permanentes.Solamente en el último año quedaron atrapados en situaciones de conflicto una cantidad de refugiados y personas desplazadas –mayormente mujeres y niños- calculada en 31 millones.
Se estima que 300.000 niños están prestando servicios en las fuerzas armadas, a menudo bajo coacción, muchos de ellos en situación de esclavitud sexual. Cada año unos 6000 niños pierden la vida o quedan discapacitados a causa de minas terrestres sembradas donde los niños viven, juegan y van a la escuela.
Javier Urra
Psicólogo de la Fiscalía del Tribunal Superior de Justicia de Madrid. Patrono de UNICEF.