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Prensa y política

Prensa y política

martes 31 de marzo de 2009, 18:33h
Actualizado: 15 de abril de 2009, 00:20h

La prensa y la política se parecen, caminan de la mano, se alimentan mutuamente, se atraen y repelen, se necesitan y repudian.

En la América Latina de hoy, prensa y política son poderes en distinta perspectiva o, a veces, en la misma. Las dos se perpetúan retroalimentándose y produciendo más poder.

La prensa y la política se parecen en sus objetivos , estructuras e intencionalidades: en su ejercicio estratégico se vuelven autoridad, fuerza, liderazgo, visión de la vida, servicio público, acción discrecional en función del bien común, capacidad de producir cambios significativos o consolidar lo establecido…

La prensa y la política tienen influencia sobre las vidas, opciones y actos de los ciudadanos.

De cómo cada una asume su poder en la sociedad dependen la toma de decisiones individuales y colectivas, la convocatoria a la reflexión o el silenciamiento a la objeción, la construcción de escenarios para grandes deliberaciones democráticas o la materialización de un gigantesco aparato de uniformización ideológica.

El filósofo Max Weber decía que la modernidad “está amenazada por el creciente fenómeno de la concentración del poder”, y esa es la tendencia visible de ciertas formas de hacer prensa y de hacer política en la región.

Ambas están en manos de élites que nacen y se desarrollan en procedimientos legítimos que les dan fuerza e institucionalidad pero, como sostenía Paulo Freire, deben evitar, desde su propia ética, la capacidad de alojarse en la cabeza del individuo y hacerle creer que es natural lo que se le impone.

¿Hay diferencias específicas entre el ejercicio del periodismo y de la política? Lo relevante no es que existan esas diferencias, sino la manera en que se practican una y otra: con ética, con responsabilidad, con patriotismo. O viceversa.

Como instancias de poder, periodismo y política tienen en sus manos destinos colectivos, pero su rol clave se mide por los fines que persiguen, los grupos a los que representan, los objetivos explícitos o implícitos sobre los cuales diseñan sus estrategias, la manera en que benefician o afectan a la gente.

¿Qué sentido tienen la obsesiva satanización de la prensa desde la política o la persistente demonización de la política desde la prensa? Ninguno que no sean la mezquindad, las intenciones ocultas, la lucha soterrada por mostrar quién manda.

Prensa y política tienen la obligación de servir a la sociedad y no a sí mismas. Ambas deben rendir cuentas y ser transparentes en el cumplimiento de sus roles.

Ambas tienen, en un ambiente de deliberación democrática, el poder de contribuir al desarrollo de la sociedad.

Ambas tienen, en un ambiente agresivo, fanatizado e intolerante, el poder de contribuir a la disolución de la sociedad.

 

Ilustración de Lars Raun.

21
Mar
09hierros retorcidos
por rubendariobuitron 0 Comentarios
Categorías: Medios y politica

 

 

¿Cómo hacer buen periodismo en medio de la tragedia?

¿Cuáles son los límites entre informar y especular?

¿En qué circunstancias el trabajo de la prensa pone en duda su propia actitud frente al dolor humano y la dignidad de las personas?

¿Cómo evitar que el producto informativo sea resultado de la prisa, el vértigo, el apuro y la obsesión por la primicia?

 ¿Pueden las fuentes oficiales aprovechar esa vorágine en su beneficio?

Parecerían demasiadas preguntas, pero todas son pertinentes después de la reciente tragedia aérea en Quito.

La primera lectura es básica, pero imprescindible a la hora de la autocrítica: con pocas excepciones, relevantes además, el periodismo nacional no está suficientemente preparado para convertir la cobertura de una catástrofe en un excelente producto noticioso que incluya una narración equilibrada, precisa, serena y detallada de los hechos, diversidad de voces, acceso a fuentes calificadas, respeto a las víctimas, exclusión de lugares comunes, verificación de datos antes de comunicarlos al público, contextualización, notas referenciales, seguimientos…

La segunda lectura es operativa: pese a que existen innumerables estudios sobre impactos de riesgo en el Ecuador, la mayoría de ciudadanos, incluidos los periodistas, no tenemos plena conciencia de la multiplicidad de peligros que acechan al país por catástrofes naturales, falta de acciones preventivas, negligencia, impasividad, conflictos políticos, inestabilidades económicas…

En lo elemental, se trata de una actitud y una disposición de ánimo propias del oficio, pero, en lo profundo, de una capacidad estratégica que permita diseñar y ejecutar proyectos de capacitación para que la prensa esté lista a cumplir su deber clave: ser útil, prestar servicios, guiar, educar, orientar y hacer pedagogía para que la población sepa qué hacer en momentos críticos y cómo moverse en cada uno de los probables escenarios.

La tercera lectura es más delicada porque tiene relación con la ética informativa, la subjetividad personal y la sensibilidad social: los periodistas no solo requerimos habilidades técnicas específicas (solvencia, seguridad, conocimiento) sino, también, fortaleza psicológica, capacidad de empatía con las víctimas y preparación humanista.

 ¿Qué se debe mostrar? ¿Qué se debe decir? ¿Quién debe opinar? ¿Dónde está la fuente adecuada?

Cubrir catástrofes es uno de los desafíos más complicados para el periodismo porque en medio de la perplejidad y el dolor, la sociedad hace el escrutinio, discierne, cuestiona, polemiza, exige, demanda, conmina….

Justo cuando el humo de la reciente tragedia empieza a disiparse, justo cuando llega la presunta quietud, es el momento de pensar cuán listos estamos para la siguiente conmoción.

rubendariobuitron.wordpress.com

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