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Europa, Estados Unidos y el cambio

Europa, Estados Unidos y el cambio

Obama simboliza la voluntad de negociación y la búsqueda de la persuasión

Haciendo el símil con el célebre libro de John Gray sobre la incapacidad de comprenderse que tienen hombres y mujeres, Robert Kagan acuñó la frase "los estadounidenses son de Marte, los europeos son de Venus". Su libro Paradise and Power, publicado en 2003, constituyó la mejor explicación dada a la confrontación de posiciones entre la Administración Bush y la mayor parte de los gobiernos europeos en relación a Irak. Según Kagan, reconocido neoconservador norteamericano, Estados Unidos seguía viviendo en el mundo de Hobbes, mientras que los europeos lo hacían en el de Kant. Mientras los primeros continuaban rigiéndose por parámetros de poder y confrontación entre los Estados, los segundos creían que la paz mundial había dejado de ser una utopía para transformarse en una meta alcanzable. Los europeos, según Kagan, se regían por una cultura que enfatizaba la negociación, la diplomacia, la promoción de los lazos comerciales, la primacía del derecho internacional por sobre el uso de la fuerza, la de la persuasión por sobre la coerción y la del multilateralismo cooperativo por sobre el unilateralismo.

Al mismo tiempo Europa se presentaba como un continente que no temía a reinventarse y a reconfigurarse a sí mismo, que no temía a los retos de una cima que cada vez se planteaba como más elevada y ambiciosa. Europa se había transformado así, según palabras de Kagan, en un "paraíso postmodernista". En dicho paraíso regía la convicción de que algunos elementos claves de su particular experiencia, como lo eran la aproximación gradual y sistemática hacia los problemas y su valoración de la cooperación y de la negociación continuas, resultaban exportables a cualquier lugar del planeta.

De acuerdo a Kagan, sin embargo, este "paraíso postmodernista" no era más que el universo etéreo en el que los europeos se habían dado el lujo de vivir, gracias a que otros hacían el trabajo sucio por ellos. Estos otros, desde luego, eran los norteamericanos, quienes a lo largo de la Guerra Fría debieron asumir los gastos en armamento que los europeos no hicieron y librar las batallas que aquellos eludieron y que, todavía en 2003, debían ocuparse de mantener a raya a los tiranos del mundo. Gracias a Estados Unidos, el viejo continente podía dedicarse a los experimentos societarios y a desarrollar una imagen auto gratificante. Transcurridos seis años de la publicación del libro de Kagan muchas cosas han cambiado. Estados Unidos dispone hoy de un Presidente que claramente se inserta dentro de los parámetros "venusinos" que Kagan le atribuía a los europeos. Obama simboliza la voluntad de negociación y la búsqueda de la persuasión, el énfasis en el multilateralismo cooperativo y el respeto a la diplomacia. Pero más aún, el nuevo inquilino de la Casa Blanca se identifica con políticas audaces y progresistas. Mientras ello ha ocurrido, Europa se ha movido considerablemente hacia la derecha, desarrollando políticas crecientemente excluyentes. Si bien sería absurdo señalar que Europa está abandonado a Kant para pasar a identificarse con Hobbes, si es válido afirmar que se ha vuelto mucho más egoísta y egocéntrica. De manera increíble hoy resulta más fácil encontrar señales de apertura mental y de disposición al cambio en Estados Unidos que en Europa.

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