Obama advirtió en una comparecencia pública en la Casa Blanca que el proceso de bancarrota de General Motors iniciado este lunes será "más largo" y "costoso" que el que está a punto de concluir su competidor Chrysler ya que, según subrayó, GM es una empresa "más grande" y "compleja", y con operaciones "en muchas partes del mundo".
"El colapso del sector sería devastador para nuestra economía", afirmó Obama, quien en varias ocasiones ha reiterado la importancia de una industria automotriz "competitiva" y "viable", al tiempo que reconoció que se seguirán perdiendo más empleos y cerrando nuevas plantas y pidió a los consumidores que no teman al proceso de reestructuración porque tendrán "todas las garantías".
El presidente explicó que debido a una situación "heredada" de la anterior Administración, su Gobierno se ha visto en la "ingrata posición" de tener que intervenir empresas privadas, aunque aclaró que en ningún momento tiene intención de dirigir la compañía y que actuará como un accionista más.
El grupo automovilístico General Motors presentó ante un tribunal de Nueva York la solicitud para acogerse al capítulo 11 de la Ley de Quiebras de Estados Unidos, en lo que supone la mayor suspensión de pagos de una empresa industrial de la historia.
Obama defendió la entrada del Gobierno en el capital de GM, y apuntó que la compañía se hubiera visto abocada a la liquidación si no se hubiera alcanzado el acuerdo por el que la Administración se hará con el 72% de la automovilística, si bien reconoció que hubiera preferido "haber permanecido completamente fuera".