Abrir los armarios en las escuelas
viernes 03 de julio de 2009, 13:20h
Actualizado: 16 de julio de 2009, 15:18h
Hay hechos concretos, casi cotidianos, que marcan un tiempo. Fechas únicas que significan un punto de inflexión en la historia, cruces de caminos a partir de los cuáles somos quienes somos, vivimos en la sociedad en que vivimos. El 28 de junio de 1969 es uno de esos días imprescindibles. Fue el día en el que un grupo de hombres y mujeres de Nueva York dijeron no a la discriminación, no a la doble moral, no a la inequidad y no a la invisibilidad a la que estaban condenados. Dijeron no y se negaron a ser detenidos por la policía por el mero hecho de bailar con su pareja en el Stonewall Inn. Por el delito de manifestar su sexualidad. Dijeron que no a la hipocresía, al cinismo y a la mentira elevada a institución.
Desde aquel día hasta hoy el colectivo de gays, lesbianas, transexuales y bisexuales ha recorrido un largo camino plagado de fechas y lugares significativos, convirtiéndose en un movimiento social de referencia en la lucha por la igualdad y los derechos ciudadanos. Buscando la normalización social, consiguiendo con un esfuerzo y sacrificio inimaginables que la homosexualidad fuera eliminada del listado de enfermedades psiquiatricas de la OMS, que se terminara alcanzando la equiparación de derechos civiles, que a fecha de hoy esté regulado el matrimonio o la adopción. Ellos solos, y aquí la palabra “solos” no puede estar más llena de significado, han recorrido un largo camino que ahora debemos empezar a transitar todos juntos, porque una verdadera igualdad pasa porque todos, todas, seamos partícipes de los avances sociales.
Y estos avances no serán posibles mientras en las escuelas e institutos se mantengan tabúes, concepciones y actitudes ligadas al misticismo y no a la razón, no mientras la educación afectivo-sexual quede relegada a la intimidad del hogar, impidiendo así que los viejos clichés desaparezcan. El conocimiento siempre es revolucionario, conductor del progreso, y la educación el vehículo imprescindible para desterrar mitos y fantasmas. Por eso el siguiente paso debería ser incluir en el proceso de aprendizaje la idea clara, definida y transparente de que sólo a cada persona le corresponde elegir a quién ama, que se pueden y se deben vivir las relaciones afectivas sin que nadie dicte qué es correcto o incorrecto, que el único límite el de tu libertad y la de tu pareja.
Igual que la inclusión de la mujer en el sistema educativo fue esencial en la lucha por igualdad de géneros, la normalización del colectivo LGTB en la escuela es necesaria si queremos una sociedad más justa y equitativa donde la homosexualidad no sea un elemento de exclusión social. Somos, en definitiva, responsables de que las futuras generaciones no sufran la indiferencia y el aislamiento de sus compañeros, cuando al despertar su sexualidad descubran que aman al igual y no al diferente.
Debemos abrir los armarios en las escuelas, educar en la diversidad, para desterrar la normalidad mal entendida, la normalidad como uniformidad. La consecución de una sociedad más justa pasa por los más jóvenes, por sus escuelas y profesores, pasa porque seamos capaces de enseñar que la discriminación nunca es el camino. Y de esta manera cumplir con nuestro compromiso más fundamental, el de construir un mundo mejor, más justo, más habitable.
Daniel Méndez Guillén
Diputado Socialista por Madrid en el Congreso