En democracia no es lo mismo votar en una urna que opinar en una encuesta.
El voto tiene valor decisorio sobre el futuro político de un gobierno y la encuesta informa sobre lo que opinan a veces muchos de los que nunca votan.
No hay que minusvalorar los sondeos de opinión aunque tampoco hay que sacralizarlos porque unas veces reflejan una realidad, una foto fija del momento en el que se han realizado y otras veces reflejan opiniones más o menos sinceras y si es en el País vasco, más o menos libres.
El último Euskobarómetro refleja que el 60 por ciento de los vascos rechaza el pacto PSE/PP y que un 49 por ciento considera ilegítimo el gobierno de
Paxti
López.
Si hubiesen ido a votar en vez de haberse esperado a responder a la encuesta tal vez habría cambiado el sesgo del gobierno de Euskadi, pero mucho me temo que esta encuesta refleja el cabreo de los que no se resignan a que el nacionalistas haya perdido el gobierno después de más de 30 años de mangonear a su antojo los presupuestos y el resto de las claves de la política.
El gobierno de Paxti López es legítimo, es el reflejo democrático de una mayoría de vascos que así lo han decidido y es una bocanada de aire fresco para un país que tiene a demasiada gente enterrada, exiliada o simplemente acojonada por culpa de una banda que no fue perseguida cuando gobernaron los que ahora se quejan.
La larga mano del PNV se nota en esta encuesta, pero por primera vez en muchos años importa lo que decide el actual lendakari que en poco tiempo se ha ganado el respeto de quienes saben que la dignidad en política es un valor que nunca se puede pudrir.
Con
Ibarreche esa dignidad olía mal.