Tradicionalmente, el fenómeno de la demanda en el ámbito de la asistencia sanitaria ha sido analizado desde una perspectiva centrada en los cambios demográficos, la universalización y la gratuidad de los servicios médicos. Sin embargo, la demanda creciente de las prestaciones sanitarias por parte de los ciudadanos esconde otras facetas no tan evidentes, que todavía no han sido bien investigadas. El análisis de algunos de estos aspectos casi desconocidos –entre ellos la llamada “medicina del deseo”, según un artículo publicado por José Luís González Quirós y José Luís Puerta: Tecnología, demanda social y “medicina del deseo”. Med Clin (Barc.).2009; 133:671-5”, y coincide con la diferencia crucial entre epidemiología, es decir, prevalencia (total de casos de una patología) e incidencia (número de nuevos casos en un año) que, en caso de ser patologías crónicas, se suman a la primera, restando la morbilidad. En caso de patologías agudas, sólo vale la incidencia, pues una vez resuelto el motivo de consulta o tratamiento, desaparece de la estadística.
Y es precisamente la morbilidad percibida la que es origen del coste de la sanidad, pues es demanda real de asistencia y servicios, por mucho que los pacientes puedan ser hipocondríacos, o consulten para obtener sólo servicios, o simplemente aprovecharse del sistema.
Esto supone un enorme cambio en el concepto de la Medicina, como cura de patologías reales, que interfieren la supervivencia, al deseo inmediato, hedonista de resolver todo en poco tiempo, y con ningún sufrimiento.
Así, se puede afirmar que de las patologías que acuden a las Urgencias hospitalarias, sólo un 5% son de verdad urgentes un 15% adicional, son percibidos como urgentes y el resto es gente que quiere llegar al especialista o al Hospital sin pasar por el Centro de Salud. Por ello, disminuye de forma dramática la demanda de urgencias si ocurre algún espectáculo en TV, por ejemplo, un partido de fútbol, o hay un puente de fin de semana, lo que evidencia que no todo lo que se declara como urgente lo es, pero además han aparecido numerosas demandas que en el artículo de JL González Quirós y JL Puerta se ponen de relieve, y que no son estrictamente patologías, como es la cirugía estética y otras, que se muestran claramente en este cuadro:
Ejemplos de deseos que pueden satisfacerse mediante intervenciones médicas
| Deseo |
Intervención médica |
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| a) Comienzo de la vida |
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Deseo de no engendrar un hijo de un coito plenamente consentido
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Píldora del día después |
| Deseo de engendrar un hijo con un determinado sexo |
Diagnóstico preimplante (DPI) para la selección sexual |
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Deseo de engendrar un hijo sin la participación de un hombre (man not included!)
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Adquisición de una ampolla de semen en un banco de gametos (p. ej.: www.cryos.dk)
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| Deseo de alumbrar un hijo en una determinada fecha |
Cesárea programada |
| Deseo de engendrar un hijo tas una histerectomía |
“Útero de alquiler” |
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| b) Infancia y juventud |
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| Deseo de alcanzar una determinada estatura |
Hormonas que detengan o incrementen el crecimiento |
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| c) Vida adulta |
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| Deseo de modificar los atributos sexuales |
Mamoplastia, alargamiento de pene, etc. |
| Deseo de modificar la fisonomía |
Medicina y cirugía estética |
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Deseo de mejorar el estado de vigilia, las habilidades sociales o la potencia sexual
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Modafinilo, fluoxetina, sildenafilo, etc. |
| Deseo de un sexo distinto al cromosómico |
Cirugía para la reasignación de sexo |
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Deseo de recibir una atención médica más holística o “espiritual”
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Medicina alternativa y complementaria, acupuntura, ayurveda, etc.
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| Deseo de un mayor rendimiento físico |
Eritropoyetina, esteroides, etc. |
| Deseo de deshacerse de un miembro sano (apotemnofilia) |
Extirpación quirúrgica del miembro no deseado |
| Deseo de una cirugía sin cicatrices |
Técnicas laparoscópicas, etc. |
| Deseo de una apariencia juvenil |
Tratamientos antienvejecimiento (químicos, físicos y quirúrgicos)
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| Deseo de no someterse a una anestesia general |
Técnicas de anestesia local |
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| d) Final de la vida |
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| Deseo de morir sin sufrimiento o inconsciente |
Sedación Terminal |
| Deseo de inmortalidad |
Técnicas criogénicas |
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Todo ello posible por el avance de las técnicas médicas, la Biotecnología y la Bioquímica, como posibles alternativas de futuro, en lo que nos separamos de nuestro ser animal, para devenir un “superhombre”, como proclamaba Nietzsche.
De otra parte, y ésta ya es otra guerra, existe también no sólo un Marketing hedonista, sino también un Marketing del miedo. Del primero, cabe pensar, por ejemplo las lipodistrofias en los PVVS (personas infectadas por el VIH). Naturalmente, este tipo de demandas de analgésicos, antidepresivos, etc., tienen un alto coste para la Seguridad social, y según Miguel Jara (La Vanguardia, 6-11-09), todo ello viene impulsado por intereses del Gobierno, o de grandes compañías farmacéuticas, que pasan directamente (sic) a utilizar el Marketing del Miedo (gripe aviar, gripe H1N1), vacunas que considera peligrosas, si llevan tiomersal, que se relaciona con el autismo en los niños, o provoca pánicos, como las compras por la Seguridad Social de fármacos antivíricos (tamiflu, relenza) de 38 millones de vacunas para la gripe H1N1, que en principio han sido guardadas por el Ejército, pero que se las van a “comer con patatas”, pues la gente ha decidido no vacunarse, ante la benignidad de los casos, comparados con la gripe estacional.
Así mismo, aparecen nuevas enfermedades, por hipersensibilidad a productos químicos que nos rodean (alergias), un 15%, o similares, como la fatiga crónica y fibromialgia, la polución electromagnética y química, que sufren los habitantes de las ciudades, parece que también entran en el origen de miles de nuevas patologías, cánceres, síndrome de edificios enfermos, el aire acondicionado, y menciona más de 104.000 productos tóxicos liberados en el medio ambiente, y muchos de ellos pasan de madres a hijos (entre 40 y 60 productos químicos heredados).
Incluye, entre sus preocupaciones, la transformación en enfermedad de actitudes sociales, como la timidez, que se trata como fobia social, o la rebeldía de los niños, como trastorno compulsivo.
En definitiva, que la Medicina del siglo XXI debe hacer frente a nuevos desafíos, que condicionan un tipo distinto de hombre o mujer, que se acoge, como en España, a la Seguridad Social, o que, como en USA, con la reforma Obama, se aprovecha de un sistema que considera gratuito, y que en realidad está pagado a través de nuestros impuestos.
¡Es posible que si el uso engendre el abuso, la Seguridad Social, como hoy está concebida, podría declararse en quiebra, por insuficiencia de medios económicos para mantenerla!
Bernardo Rabassa es sociólogo, presidente del Club Liberal Español y Premio 1812 (2008)