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La visibilidad bien entendida de la presidencia española

Despega sin retrasos ni turbulencias la Presidencia Española del Consejo de la Unión Europea.

Lo hace con una tripulación experimentada por haber cruzado el charco semestral en tres viajes anteriores (1989, 1995 y 2002), que cuenta con un avión renovado (el Tratado de Lisboa), un plan de vuelo adecuado (el Programa político, disponible en www.eu2010.es) y consensuado (la Proposición No de Ley aprobada por el Congreso a propuesta de PSOE, PP, CiU y PNV) y con un pasaje decididamente europeísta (la ciudadanía española), como no dejan de señalar todos los sondeos.

Había ganas de empezar este semestre, al menos por dos razones: porque el trabajo por delante es mucho y porque va a estrenarse una nueva maquinaria con la que esa labor podrá llevarse a cabo de forma más eficaz y democrática.

En realidad, la Presidencia Española de la UE deberá conseguir transmitir con hechos y con palabras que Europa ha vuelto –tras varios años de debatir sobre su forma y su futuro, que han provocado un notable despiste de la opinión- para quedarse. Si al final de estos 180 días se ha conseguido demostrar de forma suficiente que eso es así, el balance podrá considerarse netamente positivo.

En medio año es imposible resolver problemas que necesitan años, pero sí se pueden empezar a tomar medidas de fondo que encarrilen las soluciones en una dirección determinada.

Ahí está, por ejemplo, la crisis económica, de la que solo se saldrá con un modelo de desarrollo sostenible capaz, como un todo, de crear empleos de calidad, combatir el cambio climático, promover la investigación y el conocimiento y establecer el principio ineludible de la responsabilidad en la gestión de los asuntos públicos y privados. Es decir, en términos que le son propios, consustanciales a una UE que se define como una economía social de mercado. El acierto de la Presidencia Española es fijarse como objetivo la definición de una Estrategia de Crecimiento y Empleo basada en una mayor y mejor coordinación de las políticas económicas que, abandonando la ausencia de compromisos medibles que caracterizó a la Estrategia de Lisboa, juegue con indicadores claros y recompensables.

Así también la necesidad de colaborar con los socios internacionales de la Unión, empezando por los Estados Unidos presididos por Barack Obama, para definir como meta compartida que el Mundo deje de ser multipolar para convertirse en multilateral, enfrentando los cuatro grandes desafíos que están encima de la mesa: la solución de los conflictos regionales, la lucha contra la pobreza, el freno del calentamiento global y, en fin y en general, la democratización de la globalización.

Y, por descontado, la posibilidad de llenar de contenido el concepto de ciudadanía europea establecido en el Tratado de Maastricht, ahora a través de una Carta de Derechos jurídicamente vinculante, de una iniciativa ciudadana a través de la que instar a la Comisión a presentar un proyecto de “ley” o de medidas de igualdad, no discriminación y lucha contra la violencia de género.
Para todo ello, la constitución europea –por origen y por contenidos- que llamamos Tratado de Lisboa contiene nuevas herramientas que España se propone utilizar al máximo, de forma ambiciosa: más decisiones por mayoría, más legislación adoptada mano a mano por el Parlamento Europeo y el Consejo formado por los gobiernos, más competencias para la UE, y nuevas figuras institucionales con las que Madrid trabajará codo a codo: el Presidente del Consejo Europeo y la “Ministra de asuntos exteriores” de la Unión.
La visibilidad de la Presidencia Española se traducirá en que la UE avance netamente en este semestre, y no a través de otros parámetros de quinto orden. Por eso se entiende poco que algunos se empeñen en hablar de la “no Presidencia” porque Van Rompuy y Ashton entren en funciones precisamente ahora, como si eso fuera a hacer luz de gas al esfuerzo de nuestro país al frente del Consejo, cuando en realidad va a potenciarlo gracias a algo que España siempre ha entendido muy bien y con buenos resultados: que el interés nacional es tan europeo que siempre ha salido adelante cuando este lo ha hecho.

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