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¿Qué les parece un debate de ideas?

¿Qué les parece un debate de ideas?

Por estos días intentar informarme es prestarme a un juego donde siempre termino con el sabor amargo de saber que en algún momento he sido víctimas de un fraude, de un robo de guantes blancos.

Pero extrañamente saberlo no me tranquiliza, muy pronto otra denuncia develará una situación igual o peor a la que ahora me angustia, o tal vez al no encontrar dueño la autoría de una estafa, comenzará a rodar de despacho en despacho, de candidato en candidato.

Corrupción es la palabra mágica que aparece siempre de la mano de otra palabra: elecciones.

Cada campaña electoral sirve para descargar y cargar culpas.

¡Sí!, durante este tiempo  algunos candidatos y su entorno se transforman en fiscales y las denuncias cruzadas van y vienen tejiendo una enorme telaraña que nos atrapa a todos, aún a aquellos que hemos sido víctimas y en quienes, los denunciantes, intentan instalar la culpa por haber elegido mal, o lo que es peor, temor por volver a hacerlo.
Podríamos pensar que es bueno esto de denunciar, pero seguramente el tiempo nos dirá que todo es efímero y que las denuncias dormirán uno, dos o cuatro años, hasta la próxima elección,  nuestra historia reciente da cuenta sobrada de ello.

Buscando comparaciones, recuerdo una situación que vivo casi a diario con mis pequeños alumnos de segundo grado: como todos los chicos cada vez que deben lograr un acuerdo, buscan los caminos más fáciles, frecuentemente termino yo siendo un improvisado juez y ante mí cada uno expone su parte de la verdad y por supuesto la culpa es del otro. Mi condena es la misma: busquen un lugar tranquilo donde puedan hablar y cuando encuentren una solución me la traen. Al terminar el recreo la respuesta está y el conflicto llega a su fin; el próximo recreo los veré jugando juntos.

Los niños lograron dialogar y en ese diálogo cada uno expuso su idea con respecto a lo sucedido; pudieron ver la verdad del hecho y hacerse cargo de sus errores.
En esta última frase tal vez hallemos la clave:

Sería bueno que nuestros candidatos puedan sentarse a debatir ideas que permitan llegar a la solución de nuestros problemas, que son muchos y muy serios, a buscar espacios de encuentro donde cada uno se comprometa a poner lo mejor de sí, aún perdiendo una elección, en un proyecto de país que nos trascenderá a todos.

Si son capaces de hacer bien estos “deberes” podrán disfrutar del recreo sin la corrupción como compañera de juegos.

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