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Omertá

Pocas cosas me han desalentado más en las últimas horas que esa frase de mi hasta aquí admirado Pedro Solbes diciendo que “no tiene sentido desenterrar esto ahora”. Se refería el vicepresidente económico a las acusaciones del ya ex presidente de la CMNV, Manuel Conthe, denunciando connivencias desde La Moncloa, concretamente desde la oficina económica, entonces en manos de Miguel Sebastián, para dar un ‘golpe’ en el BBVA y quitar el puesto a su presidente, Francisco González. Que, como se sabe, en su día despidió a Sebastián del servicio de estudios del banco. Aires de ‘vendetta’, pues, desde el poder, y huracanes de irregularidad que tendría que haber salido ya a explicar quien corresponda, comenzando por el ‘número dos’ de Conthe en la Comisión Nacional del Mercado de Valores, don Carlos Arenillas, y terminando por el mismísimo  Zapatero.

¿Cuándo querría Solbes que ‘esto’ se desenterrara?¿Tras la campaña electoral, en la que compite Miguel Sebastián? ¿Cuándo conviene revelar una verdad embarazosa? Las mismas preguntas deberían dirigirse a algún medio de comunicación, que igualmente acusa a Conthe de inoportunidad, u oportunismo con sus revelaciones, olvidando la máxima sagrada que dice que “noticia es todo aquello que alguien no quiere que se publique”.

Puede que, a pesar de tanta oferta informativa como puebla y hasta agobia a nuestra sociedad, en realidad estemos sometidos a una especie de ley del silencio cuando conviene. No es políticamente correcto, por lo visto, hablar de corrupción urbanística en campaña electoral, ni remover en los tribunales -lo dijo el fiscal- algún caso llamativo de irregularidades en connivencia con la política, porque están cercanas unas elecciones.

Por lo mismo, a ver si va a ser eso, muchos políticos instalados en comunidades autónomas y alcaldías rechazan debatir ante las cámaras de televisión con sus oponentes. Una omertá que sería inconcebible en la mayor parte de los países verdaderamente democráticos. Este mismo martes, un personaje a quien considero tan respetable como Josu Jon Imaz, presidente del PNV, justificaba su pertinaz silencio ante algunos contactos mantenidos con otros políticos, como Rajoy, diciendo que tampoco el presidente de una empresa da cuenta a los periódicos de todos sus pasos. Olvidaba el señor Imaz que un partido político no es una empresa, ni él quien encabeza un Consejo de Administración, sino que ha sido elegido por la ciudadanía y todos pagamos su sueldo, vía impuestos. Así, cómo extrañarse de que en las ruedas de prensa ciertos representantes públicos ni siquiera admitan preguntas, tras largarnos a los periodistas el comunicado con lo que quieren decir y que de ninguna manera quieren acotar o ampliar respondiendo a la curiosidad de los informadores.

Así están las cosas. ¿Tenemos lo que nos merecemos? De momento, pese a cuanto ustedes quieran que pese, y aunque sea tarde y mal, yo aplaudiría a Conthe,  que, a su peculiar manera, ha arrojado algo de luz en esas tinieblas que ya se ve que no conviene desenterrar. Esas no, aunque otras, por lo visto, sí. Depende, tal vez, de si hablamos de hace unos meses o de hace setenta años.
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