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Gestos que marcan

La política de los gestos es la antesala de la política de los hechos. No sé quién lo decía, pero era un sabio. Josu Jon Imaz, presidente del PNV, revelaba en Los Desayunos de Europa Press, una anécdota interesante y sintomática. Su, en otro tiempo, jefe de prensa le dio un consejo: “no te preocupes por lo que te preguntan, sea lo que sea. Las preguntas no aparecen en los informativos; lo que salen son tus respuestas. Céntrate en lo que quieres que escuchen”. Otra máxima periodística dice que las preguntas nunca son improcedentes, aunque a veces lo son las respuestas.

Si la Oficina Económica del presidente del Gobierno llama a un vicepresidente de la Comisión Nacional del Mercado de Valores para informarle de lo que opina sobre un asunto que tiene que decidir la CNMV, las posibles irregularidades del presidente de uno de los dos grandes bancos españoles o una OPA a varias bandas, el gesto es indicativo de que no cree o no quiere la independencia de ese órgano “independiente”. Si el presidente de la CNMV, Manuel Conthe entonces, no lo denuncia cuando lo conoce, sino cuando ha dejado el cargo, es un gesto que se vuelve contra él. Si el responsable de la Oficina Económica, Miguel Sebastián entonces, es un ex directivo del citado banco, es un gesto grave y, cuando menos, poco estético. Si el vicepresidente del Gobierno, Pedro Solbes, dice que eso es un asunto pasado y archivado, el gesto es lamentable en un político inteligente. Si el nuevo presidente, Julio Segura, dice que todo está bien y que aquí no ha pasado nada, mal asunto. Y todo junto indica que los organismos independientes que deben controlar los comportamientos éticos de los poderes públicos y privados ni son independientes ni controlan.

Si Rosa Díez mantiene su pelea por la verdad en la lucha contra el terrorismo, a pesar de los insultos de dirigentes de su propio partido, que ella no abandona, pese a todo, es un gesto que le honra. Si Josu Jon Imaz dice que el PNV ha pactado simultáneamente con todos los partidos- con EA, con el PSOE, con IU y con el PP- en distintos gobiernos, el gesto no parece indicar que el PNV sea un partido abierto, sino, tal vez, que está dispuesto a llegar al poder o a mantenerse en él como sea. Si Raimon Martinez Fraile, delegado de la Generalitat en Madrid, dimite inmediatamente tras haberse pasado tres pueblos en unas declaraciones sobre Maragall, al que por otra parte conoce bien, y a petición del presidente de la Generalitat, José Montilla, el gesto les honra a los dos. No es frecuente que nadie asuma sus responsabilidades y dimita. El problema es que Martínez Fraile volverá a ser útil allí donde vaya y otros, si dimitieran por lo que hacen o dicen, encontrarían difícil acogida en cualquier otro sitio que no fuera la política.

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