www.diariocritico.com

Opinión

Se busca líder

Se busca líder

domingo 30 de mayo de 2010, 21:04h
Actualizado: 07 de junio de 2010, 14:03h

Ahora que las cosas se han puesto aún peor, vienen a mi memoria unas declaraciones del Presidente del Gobierno, realizadas a los cien días de estrenar su primera Presidencia. Situémonos, verano del 2004. En aquellas declaraciones al dominical de El País, Rodríguez Zapatero venía a decir, más o menos, que el alto cargo al que acababa de acceder, lo podrían ejercer, de igual manera, otros tantos miles de españoles. Un extraño razonamiento, quizá un ejercicio de modestia, quizá de ingenuidad. Añadía además que el ejercicio del poder nunca le cambiaría. Ignoro por que meandros de la razón vivaqueaba el Presidente cuando profería tales afirmaciones, y me pregunto, con el máximo interés, si seguirá pensando lo mismo.

En la teoría, y en la práctica política, la cuestión del liderazgo es un asunto trascendental. Un liderazgo real no se improvisa, un líder no nace de la noche a la mañana. Se necesita un perfil muy especial, determinados rasgos y caracteres que no son fáciles de encontrar. Uno de ellos (que hay que dar por descontado), es la ambición; aunque no sea suficiente. Hay otras cualidades, que resultan necesarias, cuando se aspira a dirigir los destinos de un país: un proyecto, sin ir más lejos. Un proyecto, no una ensoñación, o una quimera.

Dividir  la sociedad española en buenos y malos tomando como referencia la guerra civil; cuestionar la idea del Estado, que recoge la vigente Constitución, prestando oídos a aventuras inciertas; pretender aislar una parte significativa de la España real, arrojándola a las tinieblas del franquismo, ha sido una extraña forma de ejercer el liderazgo. Gobernar no es dividir, lo realmente difícil, lo que requiere liderazgo, es precisamente lo contrario, sumar.

Dirigir un país implica también, muy posiblemente, decirle la verdad; aunque esta pueda ser molesta, o dolorosa. Durante al menos dos años, desde el Palacio de la Moncloa se ha negado la evidencia,  se ha hinchado pecho cuando más hubiera valido ser prudente,  se han desviado las propias responsabilidades en cualquier dirección imaginable.

Sucede, sin embargo, que la realidad es terca, y los sueños, sueños son. Y aunque habíamos sido avisados, preferimos pensar que la fiesta no tendría límites. Al fin y al cabo, la mesa estaba llena, el número de comensales crecía exponencialmente, el dinero fluía, y había para todos. Ahora que la fiesta ha terminado, ¿dónde quedó el dinero? 

La peor crisis económica desde 1929 comenzó en el verano del 2007, con el extraño nombre de hipotecas-basura. En un mundo globalizado (sobre todo en el movimiento de capitales), la mala nueva se extendió como la pólvora. Era el momento de haber mirado con atención la propia casa. No se hizo. Se eligió mirar para otro lado, pretendiendo ignorar que el crecimiento económico español tenía los pies de barro. 

La sociedad española ha despertado abruptamente de un falso sueño de prosperidad. El Gobierno, con los datos que obraban en su poder, los mismos datos (no nos engañemos), que manejaban los mercados; los mismos datos que se leían de forma muy diferente en Washington, Bruselas y Berlín; debería haber emprendido, cuando aún estaba a tiempo, una intensa campaña de pedagogía y rigor. No lo hizo. Lo hace ahora, in extremis, cuando todo el mundo sabe que nos han obligado.

Colofón, un país noqueado, indignado, y de momento, un 5% más pobre de lo que había imaginado: el precio a pagar cuando uno se empeña en ignorar la realidad, o en ocultarla.

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (2)    No(0)

+
0 comentarios