La visita de un ministro para inaugurar una importante infraestructura debería constituir motivo de fasto para los responsables provinciales del partido que sustenta al gobierno central, máxime con la que viene cayendo sobre el PSOE. Pero si el ministro es el de Fomento y la visita es a Valladolid, la cosa cambia. La sintonía personal entre José Blanco, a la sazón vicesecretario federal del PSOE, y el secretario provincial del partido, Mario Bedera, es más bien escasa, por no decir inexistente.
El “mal rollo” entre ambos viene de cuando el ministro decidió por su cuenta y riesgo cambiar súbitamente el trazado de la autovía A-11 entre Tudela de Duero y Quintanilla de Arriba, dejando con un palmo de narices al PSOE vallisoletano, que había apostado de forma decidida por el desdoblamiento de la actual N-122. Pese a que Bedera acató disciplinadamente ese bandazo, su discrepancia con el mismo no le fue perdonada por el ministro, que a la primera ocasión que tuvo le montó un pollo de cuidado. Diversos senadores socialistas fueron testigos de la airada bronca que recibió Bedera de un prepotente Blanco el día que ambos coincidieron en cierta dependencia del Senado.
Ni que decir tiene que a raíz de aquello la relación entre el secretario del PSOE vallisoletano y el máximo responsable regional del partido, Óscar López, a quién le faltó tiempo para que avalar el polémico cambio de trazado decidido por su mentor político, tampoco es precisamente de lo más cercana.