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'Fiestapatria'

"Fiestapatria"

Ácida crítica a los chilenos de hoy
Una casa de descanso en la costa, en los días de celebraciones por las Fiestas Patrias, es el escenario elegido por Luis R. Vera para una vitriólica película sobre la actual sociedad chilena. Vera es un cineasta que ha vivido en el exilio, en Suecia. Allí realizó “Bastardos en el paraíso”, en que abordó el tema de los chilenos nacidos en el exilio y su rechazo en un país que se supone ser uno de los paraísos de la tierra. Sus jóvenes protagonistas sufren la discriminación, el aislamiento, la falta de horizontes y la sensación de que no son de ninguna parte. No les quedan otras alternativas que transformarse en pequeños delincuentes, drogadictos, seres marginales. El filme es la otra cara del supuesto “exilio dorado” en países ricos y otra visión de la diáspora de los chilenos y sus descendientes, provocada por la represión política de la dictadura.

“Fiestapatria” es una desmitificación de los chilenos post dictadura y durante los gobiernos de la Concertación y su modelo de sociedad. Se trata de una larga fiesta de fin de semana con motivo del compromiso matrimonial de una joven pareja. Actúan los padres de los novios, parientes y amigos que no se han encontrado en mucho tiempo, además de otros que apenas se conocen. Todos ellos son de disímiles personalidades y profesiones. Han vivido los acontecimientos del país en veredas opuestas. Allí están algunas de las víctimas de la dictadura conviviendo con el anfitrión, un ex militar torturador, y con su mujer, una ex prisionera política que conserva las heridas del pasado. El padre del novio, ex exiliado, es actual funcionario de Gobierno y dirige una cárcel en la que aún hay prisioneros políticos.

Todo transcurre alegremente hasta que uno de los invitados se convierte en la voz de la verdad. Les reprocha a los demás el acomodamiento, la cobardía, la conciliación y las inconsecuencias. Las acusaciones no atormentan demasiado a los enfiestados. Les preocupa más el fútbol, un partido de la selección chilena en África, donde -como de costumbre- ganan los rivales.

No falta nadie en la fiesta: un marino en servicio activo, un cura, un abuelo pinochetista y depravado, una empleada doméstica mapuche, una profesora perseguida, una norteamericana a quien el país le parece detestable. El carrusel de los huéspedes gira en diversas direcciones. Los jóvenes eligen el sexo, los más viejos se emborrachan, los traumáticos recuerdan sus llagas. Hay dramas y comedia, algunos remordimientos, peleas, nuevas atracciones sentimentales, desilusiones y revelaciones.

El cuadro pretende reflejar a la sociedad chilena de hoy con todos sus matices. Las esperanzas sobre el arco iris de la Concertación se han diluido y, según la película, resultaron tan frágiles como la retórica de los políticos que eligieron sus intereses personales y no el camino de los ideales que proclaman.

El filme de Luis R. Vera resuelve con algunas fallas su carácter coral. Aparecen de repente algunos personajes que no son explicados antes. Los diálogos son muy obvios, como de cine antiguo. Al director le sobra nihilismo y le faltan sutilezas. La inclinación por la teatralidad no ayuda a un tejido más fino y a una síntesis más redonda del enfoque. Pero así y todo, hay en esta película momentos memorables, especialmente aquellos en que los personajes, en un atardecer, enfrentan sus miserias. Como en una tragedia griega. Un elenco de conocidos actores demuestran su calidad en los roles que representan. Vale la pena mencionar a Marcela Osorio, Nelson Brodt, Patricio Contreras, Adela Secal. El director presta atención a determinados personajes y sus perfiles son más claros que el de otros que parecen comparsas de una ópera amarga.

La visión demoledora de Vera es reforzada por la autenticidad de algunos prototipos. En buenas cuentas, en “Fiestapatria” el pesimismo deriva del modelo neoliberal que impuso el pinochetismo, que no fue alterado y que es la norma en la llamada transición, es decir, en la iniquidad, en la práctica de un insensible mercantilismo, en el culto del consumo y en la desaparición de los principios que movilizaron las esperanzas de millones de chilenos. El filme responde a las inquietudes de los críticos del modelo y aporta al cine chileno un tema candente.

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Luis Alberto Mansilla
Periodista
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