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6 .- Artesanía, gastronomía y otros atractivos de la Chiquitania

6 .- Artesanía, gastronomía y otros atractivos de la Chiquitania

Ha quedado indicado en este reportaje cómo los misioneros jesuitas tuvieron un especial empeño en el desarrollo de la artesanía chiquitana. Crearon talleres, escuelas… y hoy siguen en pleno funcionamiento con unos trabajos de auténtica calidad, tanto en la elaboración de los tejidos como en sus trabajos en madera. Hay en este momento, una muy interesante moda chiquitana, con vestidos de algodón en color crema/blanco y dibujos netamente regionales. Es una industria que tiene su sede en San Ignacio de Chiquitos

Bien es verdad que cuando los misioneros llegaron a la región, ellas se cubrían únicamente con una falda hasta las rodillas y ellos, salvo los caciques, iban desnudos o a lo sumo, cubriendo sus partes con escuetos taparrabos. Todo varió con el tiempo y con la labor de los jesuitas quienes optaron por dar prendas que cubrieran gran parte del cuerpo a todos aquellos indígenas que entraban a formar parte de las reducciones. Aquel vestuario lo habían confeccionado los propios habitantes de las mismas reducciones.

Hoy hay talleres artesanales de tejidos en casi todas las antiguas misiones. Visitamos los de San José de Chiquitos, San Miguel, Roboré, San Ignacio y Santa Ana de Velasco, pero hay otros más en cada población. Sólo en San Rafael hay cinco. En unos se trabaja en el moldeado de la arcilla para producir cántaros, maceteros, ladrillos y tejas. Otros se especializan en los muebles tallados, grabados y torneados. Los hay dedicados a la escultura de madera. Los de San Rafael son famosos en toda Bolivia y reciben encargos incluso de fuera del país. Sus Cristos, vírgenes y santos tienen sello propio. En cuanto al trabajo con el hilo hay talleres especializados en la fabricación de hamacas, bolsas, cubrecamas, colchas. También trabajan el cuero para sandalias y bolsos. En San Ramón, artesanías variadas en costura y crochet en hilo natural. En San Ignacio, tallados en madera, pintados, hamacas, cerámicas… En Roboré, además, de ropa, muebles rústicos en cuero y madera. En San Ignacio de Velasco, más ropa artesanal y más talleres de escultura y pintura.

Otra actividad destacada en la Chiquitania es la de la medicina natural. Visitamos uno de sus centros, posiblemente el más importante, en Santiago de Chiquitos. A lo largo de los siglos precedentes, los santiagueños supieron utilizar plantas y árboles de su bosque seco tropical, para combatir las diversas enfermedades. Aquellos conocimientos ancestrales de los chiquitanos transmitidos de generación en generación han llegado al día de hoy con la elaboración de medicamentos naturales y su comercialización. La Unión Europea con otros apoyos importantes han hecho posible la existencia de la Asociación de Medicina Natural Santiagueña. Elaboran, por ejemplo, el aceite de copalbo que es un analgésico y desinflamante en problemas reumáticos, artríticos, musculares, picaduras de insectos, etc. O el aceite de pesoé, eficaz en el alivio de bronquitis y sinusitis. O el jarabe de paquiró, contra la anemia tos y bronquitis. Y así hasta nueve tipos de medicina natural.

Para un viajero, la gastronomía debe tener su apartado. La cocina boliviana es muy uniforme aunque haya matices porque no son las mismas las necesidades alimentarias de quienes viven en el altiplano, a cuatro mil metros de altitud, y las de quienes residen, en este caso, en la Chiquitina, a seiscientos o setecientos metros sobre el nivel del mar. La patata, en sus múltiples tipos y especies, forma parte de la alimentación básica. Y el arroz, la yuca y el maní. También el maíz. De carnes, la gallina y la res. Pescado, poco. A lo sumo quienes habitan en las riberas de los ríos. En ese caso, los pescados mejor considerados son el surubí y el pacú. La gente consume mucho queso. No hay comida sin queso criollo, preparado de distintas maneras. Una de ellas, el cuñapé, un delicioso horneado.

Un plato muy tradicional es el majadito de charque; es decir, carne de res molida en el mortero y cocinada con arroz, huevo, plátano frito y yuca. Muy apreciado es el locro de gallina criolla: una sopa de gallina con patatas y arroz.

No busque el viajero alta gastronomía en Bolivia, y menos en la Chiquitania. Podrá comer bien, incluso muy bien, pero dentro de lo que conoceríamos como “sota, caballo y rey”. Están lejos de la experimentación culinaria, de la dichosa fusión, etc. Aunque bien mirado, su cocina es una pura fusión lograda espontáneamente, con los alimentos que los españoles llevaron a América y con los que ya tenían en el Nuevo Mundo.

Los bolivianos en general, sobre los que residen fuera de las grandes poblaciones beben mucha chicha que es un brebaje ancestral, común en toda Sudamérica, aunque con ciertas particularidades según los países. En Bolivia la chica se obtiene tras la fermentación no destilada del maíz, artesanalmente. En principio es suave, con pocos grados alcohólicos. Será más fuerte cuanto más tiempo dure la fermentación. La beben en cualquier momento y es la bebida que se ofrece a quien visita una casa y, evidentemente, al forastero. No hay fiesta sin chicha.

También producen vinos. Es una industria que está en alza. Los viñedos se encuentran en la región de Tarija, no lejos de la Chiquitania, a una altitud que oscila entre los 1.900 y los 2.100 metros, sin duda, los más altos del mundo. Eso significa que reciben mayor intensidad luminosa, que hay una acción más directa de los rayos ultravioletas sobre los racimos de uvas. Producen tintos y blancos, de uvas Cabernet, Merlot, Syrah, Chardonay… Los bodegueros califican a sus vinos “de altura”. Es necesario añadir que los primeros viñedos de Tarija pertenecieron a la Compañía de Jesús.

Pero la bebida de mayor consumo es el singani. Se trata de un aguardiente de 42º de alcohol derivado de la uva, variedad Moscatel de Alejandría. Es la bebida tradicional y genuina de Bolivia. Se bebe de mil maneras. Sola, con hielo, o mezclada con jugos de maracuyá, naranja, melón… También la cerveza es de consumo generalizado. Hay varias marcas pero la de mayor distribución es la “Paceña”, suave, agradable.

La Chiquitina merece la visita por otros atractivos. Estamos ante un paraíso escondido con sus ríos, sus aguas termales, sus bosques y sus montes. Para los senderistas, un lugar ideal. Vayamos por partes. Los ríos no tienen mucho caudal, pero hay zonas (recodos, balsas) en donde uno puede zambullirse a gusto. En Aguascalientes como su nombre indica, las aguas son termales. Es impresionante, y recomendable, hundirse en el barro en ebullición en el centro del río. Y la montaña, la Serranía de Santiago, con el impresionante Mirador del Valle de Tucavaca, que han bautizado como “la antesala del Cielo”; El Arco, también en las cercanías de Santiago, con un recorrido de ocho kilómetros; El Portón, junto a Chochis, para los amantes de la escalada; el Parque Santa Cruz la Vieja y el Mirador, no lejos de San José de Chiquitos… Son recorridos en donde se pueden contemplar una variedad de paisajes y ecosistemas, en distintas clases de bosques, afloramientos rocosos y paisajes hermosísimos. Se asciende al Mirador del Valle de Tucavaca por un sendero de unos seis kilómetros de recorrido, con dificultades leves en algunos tramos y muy asequible en el resto del camino. Vale la pena el esfuerzo de la pequeña marcha montañera, más aún si se realiza con el acompañamiento de guías especializados que informan en todo momento de las peculiaridades de los árboles, de la vegetación de la zona y de las aves que nos sobrevuelan, con especies tan míticas, como el cóndor.

Mucho más al norte de San Ignacio de Velasco está el Parque Nacional Noel Kempff Mercado, declarado por la UNESCO, Patrimonio de la Humanidad. Es un parque de 1.523.446 hectáreas. Interesantísimo. Con su cascada Arco Iris, cuyas aguas vierten en un río amazónico. Pero está lejos.

Junto a San Ignacio se encuentra la Cueva del yeso, una gruta de donde en la época misional extraían cal, yeso y mica.

Faceta destacada en toda la comarca son sus bailes folklóricos, sus máscaras, “Los yarituses”. Aparecen por todas partes dado que los lugareños necesitan muy poca insistencia para ponerse a bailar. No hay pueblo sin máscaras que representan diversas alegorías de su vida anterior incluso, a la llegada de los españoles. Y no existe pueblo que haya descuidado el folklore con grupos de baile, solistas musicales, etc.,
Hay en Chiquitina, en resumidas cuentas, los atractivos necesarios, como hemos indicado, para una buena estancia, llena de arte, historia, música y naturaleza.

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