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¡Recuerda Chernobyl!

¡Recuerda Chernobyl!

El Tratado de No Proliferación de Armas Nucleares (TNP) reconoce el "derecho inalienable" de cualquier país a "desarrollar la investigación, la producción y el uso de la energía nuclear con fines pacíficos, sin discriminación". Cuando representé a Venezuela en la Conferencia de Desarme, en el Organismo Internacional de Energía Atómica y en las conferencias del TNP defendí ese principio "a capa y espada".

Rusia construirá la primera central nuclear en Venezuela. Desde hace tiempo el mandón de Miraflores venía anunciando su intención de lanzar a nuestro país por la vía de la tecnología nuclear. En una entrevista publicada en Le Figaro de París en septiembre del año pasado dijo que Irán ayudaría a Venezuela a desarrollar un programa nuclear civil y que Venezuela trabaja en un proyecto para la construcción de una "villa nuclear" con la ayuda de Irán.

Según el Ministro PPEM la planta que se comprará a Rusia tendrá una capacidad de 500 Mw, pero las autoridades de ese país dicen que serán dos plantas de 1.750 Mw cada una.

El tenientecoronelpresidente asegura que el empleo de la tecnología nuclear en Venezuela será exclusivamente con fines pacíficos. Esto último puede ser verdad. Sería descabellado -aunque debajo del cabello de ese señor nunca se sabe lo que hay- que nuestro país se involucrara en una aventura de esa naturaleza, a menos que quiera violar el TNP y el Tratado de Tlatelolco.

No soy para nada opuesto a las plantas nucleares para la generación de energía eléctrica siempre y cuando se cumpla con las normas internacionales, en especial el régimen de salvaguardias del Organismo Internacional de Energía Atómica. Probablemente en un futuro relativamente cercano nuestras fuentes de energía eléctrica serán insuficientes para cubrir la demanda. Este verano recibimos la primera advertencia. No sería Venezuela el primer país latinoamericano en tener una planta nuclear. Argentina tiene tres, Brasil una y México una. Hasta ahora no han tenido contratiempo alguno.

El problema radica en que hay un área gris en el empleo de la tecnología nuclear desde la cual se puede desviar su utilización hacia fines no pacíficos y esto puede ocurrir de manera directa o indirecta. En varias oportunidades el inquilino de Miraflores ha dicho que Venezuela será una "potencia". No es simple coincidencia que el dictador de Irán haya dicho lo mismo en diversas ocasiones. Los países que aspiran entrar en el "club" de las potencias lo primero que hacen es dotarse de la tecnología nuclear. Brasil, Argentina y México compiten para entrar en esa categoría. Corea del Norte exige que se le reconozca como potencia. Pudiera ocurrir que bajo el paraguas de la compra de la planta nuclear y de los elementos que la integran el inquilino de Miraflores busque ayudar a su "hermano" Ahmadinejad a burlar las sanciones de las Naciones Unidas y los controles internacionales destinados a impedirle adquirir materiales, instrumentos e insumos susceptibles de ser empleados en el desarrollo de su capacidad nuclear militar.

Pero la consideración más importante para los venezolanos tiene que ver con el costo de un proyecto de esa naturaleza. El precio "llave en mano" de una planta nuclear oscila entre seis mil y nueve mil millones de dólares. A esto hay que agregar el precio del combustible -uranio enriquecido- y demás insumos, los costos de mantenimiento de la planta, de los sistemas y mecanismos de seguridad, de manejo y la disposición de los desechos radiactivos -quizás la actividad conexa más delicada y peligrosa-, y la construcción de redes de distribución. La capacidad actual de la red de distribución de energía eléctrica de Venezuela está sobrepasada y no hay planes para ampliarla.

Cabe preguntar: ¿Quién operará esa planta? Será necesario formar un ejército de científicos, profesionales y técnicos en las diferentes áreas que requiere el manejo de una planta nuclear. Esto también implica un costo enorme porque no será en las universidades bolivarianas donde se preparará ese personal.

Constantemente ocurren accidentes, algunos fatales, en las refinerías de Pdvsa y en las industrias básicas de Guayana donde ya debería haber experticia suficiente para operarlas sin percances. Por ello decimos: ¡Recuerda Chernobyl! El accidente de Chernobyl no se debió a problemas de la planta sino a errores humanos.

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