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Imanol Arias

"A mi no me coaccionó nadie para hacer el vacío al alcalde"



El actor, que sí saludó a Javier León de la Riva, nos cuenta qué le dijo al hacerlo y nos habla de su paso por la Seminci que hoy proyecta su último trabajo en la gran pantalla, “Pájaros de papel” de Emilio Aragón. 

El actor Imanol Arias nos ha dicho que no fue consciente de ningún tipo de coacción para hacer el vacio al alcalde de Valladolid, Javier León de la Riva, durante la inauguración de la Seminci y asegura que cada uno se manifestó en la medida en que quiso. “A mí no me coaccionó nadie, asegura,  y eso que era un coaccionable más. No recibí ningún tipo de presión para no saludarle y lo hice diciéndole que esperaba que sólo fuera una mala frase y que en el fondo no fuera lo que él pensaba. Intenté desvincular mi opinión sobre sus palabras, que no es nada favorable, con lo que es la Seminci y el motivo por el que yo estaba allí”.

Dos días ha estado en esta edición de la Semana de Cine para entregar la Espiga de Honor de la Seminci a su amigo Antonio Banderas al que dijo en el escenario del teatro Calderón “no te mueras nunca”. “Es una forma de expresarle mi cariño, el pobre me decía, que no, que no, ja, ja. Todo tiene que ver con que admirar a un amigo es algo hermoso. Yo a Antonio le quiero de verdad. Hemos compartido hace años, muchas cosas juntos, y a pesar de la distancia, intenta estar siempre en contacto. Llama muy a menudo, y por ejemplo, como pide una antena parabólica en cada lugar en el que está para ver la televisión española, me telefonea  para decirme cómo me ha visto en “Cuéntame”. Tengo la sensación de que  Antonio es un  ejemplo de cómo desarrollar la vida pública de un actor, cómo ser actor y no destrozarte en el intento y siempre con una  convicción que él tiene clara,  de que quiere ser un buen tío, una buena persona, un buen ciudadano y un buen paisano”.

Hoy la Seminci proyecta dentro de lo mejor de la cosecha de cine español, el ciclo Spanish Cinema, su última película, después de muchos años fuera de la gran pantalla, “Pájaros de papel” de Emilio Aragón.

“Esa es la correspondencia que un festival tiene que tener con la ciudad que lo sustenta. Al margen de las películas a concurso, los ciclos, los homenajes, luego hay también una especie de inundación de cine estrenado el último año en España que ocupa la ciudad y que da la oportunidad de acercarse a lo que no hemos podido ver en las pantallas, no sólo a la gente que tiene acceso al certamen, sino a todo el público, desparramando el cine en diferentes horarios y salas de la ciudad. Eso es lo que un festival debe añadir para conectar con el público y que la fiesta del cine sea una fiesta activa.

Estoy profundamente agradecido de haber podido hacer esta película, ha sido una experiencia muy feliz en mi vida. He trabajado con un director, Emilio, con un buen hacer, un buen talante y una forma de mirarme que para volver al cine, después de mucho tiempo haciendo un solo estilo que era el televisivo, ha sido decisivo. Así que a Emilio Aragón sólo le diría gracias hermano se me abrieron las puertas del cielo y fui feliz”.

¿Qué espacio cree que ocupa la Seminci dentro de los festivales de cine en España?

“La Seminci siempre ha representado un gran cine. Cine de muchísima calidad, incluso cuando se hacía bajo el paraguas de “cine religioso y valores humanos”. En pleno franquismo descubrimos a Bergman, Vajda, cinematografías que no llegaban a las pantallas, es un festival con un nombre propio. Creo que un festival se sustenta, además de en las personas que están al frente, en el deseo de una ciudad,  de sostenerlo y de ser representada en él. Por eso, por esa voluntad de la ciudad, al margen de cualquier problema coyuntural, y mira si los ha habido en 55 años de historia, de alcaldes y de gobiernos, el festival de Valladolid será uno de los grandes que hay en España”.

¿Será más difícil sobrevivir a los recortes económicos?

“Habrá que pasar por momentos, más o menos críticos, de más esplendor y otros momentos de más austeridad. Yo esta vez he dormido en la habitación de hotel más pequeña de las que he estado en los últimos años, pero eso no es ningún problema, ha sido así para todos. Yo me levanté y me di un golpe con la pared, ja, ja, lo digo de broma, porque está claro que uno se ajusta porque lo importante son otras cosas”.

Así nos lo ha contado desde Vitoria, donde ha llegado después de dejar Valladolid, y unas horas antes de recibir el premio “Lan Onari” que le ha otorgado el Gobierno vasco. Imanol, que nació en Riaño, en León, pero pasó su infancia en Ermúa, nos ha dicho que este es “un premio a mi trabajo que me honra mucho más por ser hijo de emigrantes”
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