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El campo también protesta

¿Hay algún sector productivo en Andalucía que esté de acuerdo con la política que está llevando a cabo el Partido Socialista? Lo dudo. Hables con quien hables echa pestes de Zapatero y de Griñán, del Gobierno y de la Junta. Al menos antes, los funcionarios se mostraban más o menos conformes con quienes les mandaban, pero ahora, ni eso. Al contrario, con la congelación de sueldos y el "decretazo del enchufismo" han conseguido que la inmensa mayoría se echen a la calle y le formen la de Dios es Cristo, vuvuzelas y caceroladas incluídas, al presidente y a sus consejeros en todos los rincones de Andalucía. Tanto es así que Pepe Griñán moviliza un buen puñado de policías y guardias civiles como refuerzo de sus escoltas cada vez que acude a cualquier acto fuera de Sevilla. El incipiente sector industrial andaluz ha sufrido la crisis en sus endebles estructuras y son muchas las fábricas y empresas que se han visto obligadas a acogerse a los EREs subvencionados para pagar los despidos y las jubilaciones anticipadas, cuando no han recurrido al cierre definitivo de sus factorías. La construcción más vale ni nombrarla porque casi ha desaparecido del panorama económico andaluz dejando en la calle a miles y miles de obreros que han ido a engrosar las ya enormes listas de parados o bien a subsistir a base de economía sumergida, ya saben, haciendo chapuzas a domicilio como un Pepe Gotera cualquiera. Los pequeños y medianos comercios cierran (más de mil lo han hecho sólo en enero del presente año) por falta de créditos para mantener abiertas sus puertas. Y la "gallina de los huevos de oro", es decir el turismo, no levanta el vuelo pese a las enormes cifras de euros que la Junta se gasta anualmente en promocionar un sector que se ha quedado dormido en sus antiguos laureles y que ha encarecido los precios sin dar la calidad que éstos exigen. Y la agricultura, la sufrida agricultura andaluza, que, olvidada casi siempre por los gobiernos de turno, ha subsistido gracias al trabajo sacrificado de miles y miles de andaluces que se han dejado la piel sobre los surcos y que han innovado sus explotaciones exponiendo su propio patrimonio. Digan lo que digan, Andalucía sigue siendo la despensa de España. El aceite, las naranjas, el arroz, el trigo, la fresa, los cultivos de invernaderos almerienses, cientos de productos de alta calidad que surten los mercados internacionales pese a la drástica caída de los precios en origen que están llevando a los agricultores a la más completa ruína. Pues bien, ni el Gobierno central ni la Junta de Andalucía, ni Zapatero ni Griñán parecen ser conscientes del abandono al que han sometido a un sector vital para el desarrollo de esta tierra. La falta de ayudas y el paulatino pero constante encarecimiento de materias vitales como el gasóleo han condenado al agro andaluz a una agonía lenta que conduce a la desaparición de una veintena de explotaciones cada día. La situación es tal que el próximo miércoles, día 16, los tractores volverán a salir a las carreteras y a cortarlas en diez puntos diferentes de Andalucía como medida de protesta. No ceo que sirva de nada. Ni el Gobierno ni la Junta parecen concienciados de la importancia de la agricultura y sólo acuden a los pueblos andaluces cada cuatro años en busca de un voto que casi siempre les ha sido fiel. Es posible que también aquí, en el campo andaluz, esa fidelidad se haya quebrado por la desidia de unos políticos que le han dado la espalda a la tradición. Baste ver cómo han suprimido el Ministerio de Agricultura para colocarle lo de Medio Ambiente, Rural y Marino, el MARM, y aunque una cordobesa, Rosa Aguilar, esté al frente del mismo, mucho me temo que lo único que le suena de la agricultura es aquella reforma agraria que su antiguo partido, el PCA, defendía hace treinta años. Al menos, los agricultores protestan. Ya es algo. Muchos otros deberíamos imitarlos para que se den cuenta de lo hartos que nos tienen.
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