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Catetos a babor y a estribor

Catetos a babor y a estribor

Quizas en Madrid hayan pasado casi desapercibidos, pero en Sevilla han sido todo un acontecimiento social, un espectáculo, casi un acto de masas. Y eso que sólo han estado en la capital andaluza unas pocas horas, casi una media docena. Me refiero, claro está, al principe  Carlos de Inglaterra y a su esposa Camila Parker-Bowles, duquesa de Cornualles. Desde el palacio de San Telmo a la Plaza Nueva, la gente se arremolinaba en masa para ver pasar el trenecito del Metro-centro que, escoltado por motoristas y coches de la Policía, trasladaba a los ilustres visitantes desde la Puerta de Jerez al Ayuntamiento hispalense. Allí, en las puuertas del Consistorio, una multitud era frenada por un cordón plicial para evitar que arrollaran a los visitantes. Comprobado. A los sevillanos les gusta más una visita de famosos más o menos conocidos, una festividad callejera que una cofradía el Domingo de Ramos. Me recordaba los días que pasaron en Sevilla Tom Cruise y Cameron Diaz durante el rodaje de la película "Knight&day" que colapsaron el centro de Sevilla durante casi una semana provocando atascos y problemas que la gente asumía con gusto por aquello de ver a sus actores famosos. "Po yo he visto al orejas (apelativo cariñoso con el que se le conoce en Sevilla a Carlos de Inglaterra) y a la novia, que iban en el último vagón y nos han dicho adios con la mano. Además, se iban riendo, que yo los he visto", afirmaba una gitana de las que reparten romero por la Avenida con una sonrisa que le llegaba de oreja a oreja. Pero no era sólo el personal, que ya sabemos como se las gasta y que pierden el culo por darle la mano a la duquesa de Alba, a Isabel Pantoja, a Belén Esteban o a la mismísima Maria Patiño, eran también los políticos, que estaban exultantes y felices de hacer de cicerones a la pareja. Tanto Pepe Griñán como Alfredo Sánchez Monteseirín estaban encantados de haberse conocido y de ser los anfitriones, aunque fuese sólo por cuatro escasas horas, de los Príncipes de Gales. Desde la una de la tarde, con treinta y tantos grados a la sombra, con una caló de aquí te espero, con los abanicos dando aire al implacable sol del mediodía, cientos y ciento de sevillanos (y, sobre tdo, sevillanas) esperaban en las inmediaciones del Palacio de San Telmo y sus alrededores la llegada de Carlos y Camilla. Dicen las crónicas que el príncipe inglés, a la llegada al aeropuerto de San Pablo, renunció a ocupar el coche blindado que se le había adjudicado y optó por ocupar el de la presidenta del Parlamento. El motivo, quería que se pudieran bajar las ventanilla para poder oler el aroma a azahar que impregna estos días las calles y plazas sevillanas. Firma en el libro de honor de la Junta, firma en el Ayuntamiento, visita a los Reales Alcázares y al Museo del Baile Flamenco donde  Cristina Hoyos, que se despedía del cargo, le regaló a Camilla Parquer-Bowles un mantón y dos trajes de flamenca. Y una curiosidad, Camilla no le hizo la reverencia de rigor a la duquesa de Alba pese a que Cayetana tiene muchos más títulos nobiliaros que la inglesa. Bastó un efusivo apreton de manos. Y tan amigas. A media tarde, los príncipes de Gales abandonaros Sevilla camino de Íllora, la localidad granadina donde tiene la finca, Molina del Rey, el duque de Wellington. Total, visto y no visto. ¡Ah! De Gibraltar, ni una sola palabra ¿Gibraltar?¿para qué hablar de una colonia tan lejana? Lo zapatérico políticamente correcto sigue imperando en nuestros exquisitos modales de catetos redomados. A mí, qué quieren que les diga, todas estas pantomimas, todo este teatro, todo este boato institucional con unos señores que representan a una realeza trasnochada y obsoleta, me siguen recordando al "Bienvenido Mister Marshall" de Luis García Berlanga. Lejos de mi intención  el hacerle desplantes sin sentido a los ilustres y regios visitantes. Pero digo yo que tampoco es para tanto. Ni Carlos ni Camilla nos van a sacar de la crisis, ni van a crear empleo ni van a aportar grandes inversiones españolas en su país por mcho que se hayn entrevistado con empresarios. Y como sobre el contencioso de Gibraltar no se ha podido ni nombrarlo, no sé a qué ha venido tanto peloteo y tantas llaves, que van a tener que poner una cerrajería cuando vuelvan a su Inglaterra natal. Uno se queda con los ojos a cuadros cuando contempla el cateterío de una ciudad que se dice culta y que no es mas que un conglomerado de maris que disfrutan con las horribles Setas de la Encarnación, con las horrorosas catenarias del Metro-. Centro y con la Torre Pelli, mientras tienen abandonados  y no ven los auténticos tesoros arquitectónicos y culturales que les rodean por cualquier calle o plaza del Centro histórico de la ciudad. La visita de los príncipes de Gales a Sevilla sólo me ha hecho reafirmarme en ratificar que tenemos el Gobierno que nos merecemos. Esperemos que, de aquí al 22 de mayo, la ciudad medite y sepa afrontar nuevos retos de futuro muchos más importantes que la escueta visita de los príncipes de Gales.
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