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Elecciones y engaños

    Tanto el ministerio del Interior como el Partido Popular y la Abogacía del Estado harán todo lo posible, después de conocer los contundentes informes de la Guardia Civil y de la Policía, para que el Tribunal Supremo impida que las candidaturas presentadas por BILDU  (la nueva y mentirosa marca de Batasuna) concurran a las elecciones del próximo 22 de mayo. Y tal como anunció el vicepresidente y ministro de Interior, Pérez Rubalcaba, en los comicios municipales “no estarán quienes no deben estar”.      La historia se repite, aunque se cambien los disfraces y se retuerzan los argumentos para intentar burlar las normas más elementales del Estado de Derecho. Pero, al mismo tiempo que los mafiosos pro-etarras se perfeccionan en el arte del engaño, los responsables de la legalidad (Gobierno, oposición, jueces, policías) también están cada vez más adiestrados para no tropezar más veces en la misma piedra y para mirar con lupa eso que los abertzales llaman “listas blancas” y en las que de los 3.500 aspirantes a candidatos, se ha demostrado que al menos 3.000 están relacionados, en mayor o menor grado, con el entorno etarra.     Y, en cuanto al reciente comunicado de la banda criminal en que los malhechores afirman que el tiroteo del pasado día 9 contra la Gerdarmería francesa se produjo contra su voluntad  (contra la voluntad de los propios etarras) y estaba relacionado con  -son palabras textuales-  “la ceguera represiva de los estados de España y Francia”, mejor dejarlo sin comentarios porque la mentira tiene las patas muy cortas y la demagogia se cae por su propio peso.      Y cambiamos de asunto. Cuando falta menos de un mes para las elecciones autonómicas y municipales, estamos convencidos de que después de esos comicios se producirán muchas sorpresas, y no sólo en la composición de los gobiernos de las comunidades o de los ayuntamientos. Nos referimos a las medidas que habrá que tomar, irremediablemente, para afrontar la crisis, y que se aplazan para después de las urnas por aquello de no molestar demasiado al personal. Ahí tienen, por ejemplo, a la Generalitat de Cataluña y sus planes para reducir el gasto sanitario. Se amenazó con recortes pero ante la protesta de los médicos y de la sociedad en general, se ha dicho que había que dialogar, pactar, encontrar puntos de acuerdo y de consenso. Y lo que en realidad se está haciendo es esperar a que pasen las elecciones para sacar esos planes adelante. Y no sólo en Cataluña sino en otras comunidades y ayuntamientos. Cuando se pide el voto, no se puede crispar al personal. O, como decía el panameño Omar Torrijos, “hay que mover la cadena, pero sin que se cabree el tigre”. - Lea también: El Gobierno reconoce que es una 'carrera de obstáculos' impugnar todas las listas de Bildu > Escuche las columnas de Luis el Olmo en vídeo:
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