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Apuntes desde la Sala. Gran noticia

Apuntes desde la Sala. Gran noticia

“Gracias a todos por su comprensión y colaboración, queda visto para sentencia”. Eran las 22,28 de la noche cuando el presidente, Javier Gómez Navarro, ponía punto y final a la Vista oral del 11M, el reto judicial más importante de la reciente historia de España ante una Sala abarrotada de un público ansioso por terminar, en la que no cabía un solo alfiler. La noche había caído sobre la madrileña Casa de Campo de Madrid justo cuando finalizaba la 57 sesión y se abría la más importante deliberación en la historia de los jueces de la Audiencia Nacional. Ahora toda la expectación se centra en lo que decida este magistrado y sus dos silentes, durante toda la Vista, compañeros de Tribunal, Fernando García Nicolás y Alfonso Guevara. Están emplazados para dictar sentencia hacia el mes de octubre.

Pronto se irá la tanqueta azul de la Policía Nacional de la puerta y el ayuntamiento retirará las vallas amarillas de protección que interrumpen el paso por la avenida principal de los recintos fériales. El helicóptero de la Policía dejará ya de dar batidas sobre lo que antes era la N-V, a la altura de la Feria del Campo. La funcional construcción de ladrillo de dos plantas y sótano de la Audiencia Nacional quedará, de nuevo, reducida a su catalogación como un edificio burocrático más de los del gran parque madrileño. Pero alguien debería tener el buen sentido de colocar una lápida en su fachada recordando que aquí se celebró, durante 57 días, el juicio del 11 M. No solo sería el recordatorio de un hito en la historia judicial de este país. Se trataría del justo recordatorio al dolor irreparable de 2.000 familias, el testimonio orgulloso de una sociedad que supo reaccionar ante la terrible sacudida terrorista intentando hacer algo más que dar el exigible consuelo a las víctimas ofreciéndoles, sobre todo, justicia. Algo que no está al alcance de todas las naciones. El país más poderoso de la tierra, Estados Unidos, no ha conseguido nada parecido tras la barbarie del 11S de 2001 y no hay indicios de que algún día logre hacer justicia para reconfortar a los miles y miles de víctimas de la zona cero de Nueva York. Ese es ahora nuestro logro y debemos de enorgullecernos como país. Esto ha funcionado muy bien. Y esa es la gran noticia.

Con el “! Queda visto para sentencia!” tradicional que ha pronunciado esta tarde el magistrado Javier Gómez Bermúdez ha finalizado uno de los ejercicios más prolongadas y admirables de pedagogía judicial y democrática que jamás se haya podido presenciar en vivo y en directo en todo España. El 15 de marzo pasado habían acabado tres años de zozobra en los que junto al dolor de los afectados habían tomado protagonismo las seudoinvestigaciones periodísticas, las manipulaciones interesadas y las utilizaciones políticas de la tragedia terrorista más grande que jamás pudimos soportar. Aquel 15M07 mágico se acabó ese maldito raca-raca con el enérgico “!Se abre la Vista  del sumario veinte-barra-dos mil cuatro...!” pronunciada con convicción por el presidente, todo un descubrimiento de la autoridad, la eficacia y el buen hacer judicial en un sumario construido sobre un terreno lleno de trampas y minas antipersonas. Solo una persona con la determinación y capacidad de Gómez Bermúdez ha podido gobernar esta inmensa nave judicial, decorada como de Ikea para convertirla en Sala de Justicia, en la que durante tres meses y medio, mañana y tarde, se han congregado 29 acusados de gravísimos delitos, las víctimas que lo pueden contar de tan terribles crímenes y un enjambre de varias decenas de togas que revestían a los fiscales y a los abogados de la defensa y de las acusaciones, además de un centenar de periodistas. Todos ellos protegidos por un denso cordón policial.

Después de tanta especulación gratuita era el momento de los únicos protagonistas posibles: los testimonios y las pruebas. El imperio del Derecho en el que solo vale lo que se puede demostrar y en el que solo resultará culpable o inocente quien lo determine un Tribunal imparcial a la luz de los testimonios y las pruebas practicadas, tras oir a las acusaciones y las defensas.

RIDÍCULO CONSPIRATIVO. Solo con el funcionamiento de esta maquinaria en las 57 benditas sesiones han quedado fuera de lugar todos los montajes conspirativos que tanto nos habían entretenido. No hace falta esperar a la sentencia para saber que ETA no está en esta masacre ni se la espera. No ha parecido ni un rastro, ni un papel, ni un indicio, por muchos y hasta nauseabundos que hayan sido los esfuerzos de algún abogado y algún político, como el todavía eurodiputado Díaz de Mera, para hacerlo aparecer. Entre los muchos sufrimientos que han padecido las víctimas se les podría haber ahorrado el de escuchar en la sala las risas chulescas de tres etarras, que fueron llamados a declarar solo para engrandecer la bola de nieve que han querido deslizar algún que otro abogado, una asociación de víctimas y algunos medios de comunicación para los que hoy no se ha puesto el punto final, sino el punto y seguido. Verán como su juicio paralelo va a continuar hasta el Supremo, más allá de la sentencia de la Audiencia Nacional y, si me apuran, hasta el Constitucional.

LO QUE NO SE JUZGABA. Para ellos no se juzgaba la implicación en los hechos de los 29 acusados resultantes de la buena instrucción del Juez del Olmo, el trabajo abnegado y eficaz de la fiscal Olga Sánchez, y la agotadora labor de investigación de cientos y cientos de miembros de las fuerzas de Seguridad del Estado. También el esfuerzo de casi treinta abogados, ya hayan defendido o acusado. En definitiva, personas tan ejemplares, con las mismas virtudes y los mismos defectos, que trabajan todos los días para hacer que funcione el Estado de Derecho. Los de la teoría de la conspiración, todos sus tentáculos, han querido utilizar la Vista como un instrumento más de confabulaciones políticas e intereses de poder. Han perdido. Ni uno solo de los abogados, por muy metidos que han estado metidos en el ajo conspiratorio, ha sido capaz de ofrecer un solo relato verosímil alternativo al construido por la fiscalía. Y no será por falta de investigación. Nunca jamás en este país se había investigado tanto sobre un atentado terrorista.

LO QUE SI SE JUZGA. Se van a escribir y difundir ahora mil hipótesis de sentencia y habrá quinielas sobre si tienen más o menos posibilidades de ser condenados todos y cada uno de los llamados autores intelectuales, o de los considerados autores materiales, de los moritos de Lavapiés, o de los integrantes de la llamada trama asturiana. Y así hasta 28 procesados. Porque de los 29 iniciales uno ya ha quedado absuelto, Brahim Moussaten, alias Farruquito, a decir de las compis de la prensa, del que la fiscalía y las acusaciones han retirado los cargos. Ninguna de las hipótesis vale para nada. Solo a los magistrados corresponde ahora casar pruebas y declaraciones, a la luz del derecho, para extraer condenas y absoluciones, si las hubiere, para cada uno de los procesados. Esa será la verdad judicial de lo acontecido aquel horroroso 11M. La única verdad posible en un Estado de Derecho.

QUIENES NO DEBERÍAMOS JUZGAR. Todos los que hemos escrito y hablado tanto de este juicio deberíamos ahora enmudecer ya seamos periodistas, políticos, tertulianos, criminalistas o seguidores de todas las series de TV sobre juicios ( y les confieso que me cuelgo de muchas de ellas). Sigamos el ejemplo de rigor y buen hacer de quienes han llevado a buen puerto las 57 sesiones del juicio. Quienes creemos en el Estado de Derecho tendríamos ahora que callar para que hable solo quien debe hacerlo: el Tribunal del 11M. Por eso se acaban estos “Apuntes desde la Sala” en los que he podido contar la gran noticia: se ha hecho el juicio, ha sido justo y ejemplarmente democrático. Ojalá nunca hubiera habido motivo para que tuviera lugar...

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