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OPINIÓN/Víctor Gijón

Franco, Zaplana y la memoria

Franco, Zaplana y la memoria

viernes 06 de julio de 2007, 17:14h
Actualizado: 19 de septiembre de 2007, 18:32h
Mariano Rajoy culpaba esta semana a Zapatero de dividir a los españoles con la ley de la memoria histórica. En su opinión el presidente del Gobierno actuaba de forma revanchista al pretender que los perdedores de la guerra civil tuvieran el reconocimiento, aunque fuera 60 años después, de que fueron, como poco, tan hombres de bien como los que ganaron la contienda civil.
 Y, sin embargo, es el PP el que recurre a esa memoria histórica, selectivamente activada, para arrojar a Franco a la cara del Gobierno socialista, como hizo ayer el portavoz parlamentario popular, el inefable Eduardo Zaplana.

Si la transición aparcó la figura de vencedores y vencidos, no es menos cierto que los primeros siguieron disfrutando de todos los reconocimientos que les otorgó la dictadura mientras que a los segundos se les exigió silencio y moderación para que los primeros no se sintieran ofendidos y no volvieran a las andadas, que volvieron, el 23-F, por ejemplo.

El esfuerzo de concordia y reconciliación realizado por los derrotados en la guerra civil y por las víctimas de cuatro décadas de represión franquista es para un sector de la derecha española un reconocimiento implícito de culpa. Callan, luego otorgan. Incluso en los últimos tiempos han aparecido pseudo historiadores, subvencionados generosamente por el PP, para demostrar que la sublevación militar del 36, y por tanto todas sus terribles secuelas, con un millón de muertos, cientos de miles de exiliados y represaliados, fue la respuesta de la gente de bien contra la chusma socialista y comunista.

Es en este contexto en el que ayer Zaplana resucitó a Franco en el Parlamento español. No para condenar su régimen dictatorial, que no lo han querido hacer nunca, porque son, dicen, cosas del pasado; no para reafirmar las diferencias entre el régimen democrático actual y la falta de libertades y persecución de los disidentes que caracterizó el régimen anterior.

Zaplana resucitó a Franco para compararlo con una propuesta del gobierno democrático de España. Al portavoz del PP le parece lo mismo que el presidente del Gobierno explique en el Congreso, elegido por sufragio universal, directo y secreto, la concesión de una ayuda a las familias, que los anuncios de los premios de natalidad que Franco hacía ante las Cortes elegidas a dedo por él mismo.

Pero es normal que Zaplana se confunda, aunque fuera de mañana y no noche cerrada. Si el presidente de España, un socialista, miente y trata de romper España y si hay obispos que aseguran que se persigue a la Iglesia, ¿cómo no recordar acusaciones similares que precedieron a la sublevación militar encabezada por Franco? No es que corramos peligro de involución, que no es así, pero no será porque algunos no intenten crispar y radicalizar la vida política todos los días.
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