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¡Hemos salvado los muebles!

¡Hemos salvado los muebles!

Una vez más, a falta de escasos días para que acabe agosto, la prensa ha sobrevivido otro verano más sin necesidad de que el monstruo de Loch Ness hiciera su aparición en Escocia para suerte de muchas redacciones y alegría (es un decir) de los lectores. La prensa ha sobrevivido sin su ayuda. Nadie sabe qué le pasa a Nessie, pero en los últimos años se ha escondido y a los periodistas no nos queda otra opción que recurrir a las efemérides para ocupar el espacio que le dedicábamos al bicho. Este año, por ejemplo, hemos salvado los muebles gracias al levantamiento del muro de Berlín que una mañana de un día de agosto, hace 50 años, comenzó a construirse. Pero los hemos salvado con muchos apuros porque la información ha sido sucinta en prensa, radio y televisión. Por lo que se ha visto, apenas pudieron contabilizarse una o dos fotografías en blanco y negro, un texto bastante escueto en la mayoría de los casos, y escasas reflexiones analizando las razones que movieron a dividir la ciudad alemana. En otras palabras, comparativamente ha habido menos información y opinión que la que se le dedicaba casi siempre al monstruo escocés. Aquel episodio de la Guerra Fría, en el fondo una reedición más del eterno antagonismo humano, se va comprendiendo cada vez mejor conforme pasan los años, tal como reflejan en sus libros los historiadores John Lewis Gaddis (“La guerra fría”) y Francisco Veiga (“El desequilibrio como orden”); pero lo olvidamos, de la misma manera que, fieles a la cultura de lo inmediato, dejamos atrás deliberadamente aquel bagaje de conocimientos que puede ayudar a interpretar los hechos pasados.  No queremos el conocimiento  -salvo el gratuito y sin esfuerzo- o tenemos miedo de afrontar la realidad, pero está ahí a nuestra disposición, aunque parezca en estos momentos algo de lo que se puede prescindir. El tiempo, como en el caso del levantamiento del Muro de Berlín, dirá adónde conducen estas costumbres. También podíamos haber salvado los muebles con otra efemérides alternativa, no tan interesante periodísticamente (o sí) como la del Muro de Berlín pero, en contrapartida, bastante simpática puesto que este año, casualmente, también se conmemora el 50 aniversario de la llegada a las listas de éxitos de una canción que asimismo es histórica. Sus compositores, Jerry Leiber y Mike Stoller, hicieron famoso con ella a un músico de color llamado Ben E. King. Se titula “Stand by me”, tiene cientos de versiones, es raro encontrar a alguien que no la conozca, y está considerada como una de las grandes canciones de todos los tiempos, de aquellas cuya singularidad es capaz de provocar emociones. De la misma forma que la interpretación didáctica de los historiadores Gaddis y Veiga ayuda a comprender aquel episodio, la que hace John Lennon de esta pieza tiene interés para valorar si la canción ha perdido algo de su atractivo. Otra cuestión es el guiño cómplice y burlón del músico al principio del vídeo. Era el humor de un perdedor. Antonio Álamo. Periodista.
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