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Cristina Fernández Presidente

Cristina Fernández Presidente

No es difícil imaginar que el título de esta nota tiene visos de realidad. Con la buena imagen de la candidata y liderando con comodidad la intención de voto, es probable que la senadora Cristina Fernández, esposa del actual Presidente, sea la próxima titular del Poder Ejecutivo Nacional. A pesar de que su lanzamiento coincide con uno de los peores momentos en los que la inflación, la crisis energética y algunos casos sospechados de corrupción castigan a un gobierno que transitaba sin grandes sobresaltos. No obstante, la imagen presidencial y de la gestión tiene aún, un ancho margen a favor.

Aunque la oposición se ha recuperado un poco, a raíz del triunfo de Macri en la Ciudad de Buenos Aires, todavía no se encuentra unida y no constituye una alternativa de gobierno. Atravesando el cuarto año de gestión hay, lógicamente, una suerte de acostumbramiento de la sociedad a la dinámica y al discurso gubernamental, por lo tanto la elección de Cristina es una suerte de relanzamiento del gobierno actual.

Es importante recordar que hace cuatro años en el Congreso del Partido Justicialista, en el cual se definió en una suerte de neolemas a tres candidatos a Presidente -uno de los cuales es el actual- , se impidió una interna que seguramente ganaría Carlos Menem. Esta vez la definición fue mucho más personalizada, porque dejó de lado cualquier estructura política, y obvió una discusión interna del peronismo. El Presidente decidió que su esposa y senadora Nacional fuera la candidata.

Ahora, gran parte del peronismo, aliado al kirchnerismo, confirmará esta candidatura, mientras otros sectores justicialistas apoyan a Lavagna y otros quieren conformar un polo de oposición. Esta fragmentación  del Partido se agrega a la cuasi desaparición de la UCR, antiguamente principal fuerza opositora y oficialista durante los dos años que duró el mandato de De la Rúa.

Como puede observarse, el país se ha recuperado de su formidable crisis económica y de la profunda crisis social. La gobernabilidad se ha restaurado, luego de la caída del gobierno de la Alianza y de la transición posterior, pero la crisis política continúa en la degradación de los partidos políticos.

Circula en los ambientes políticos la idea de que el proyecto de Néstor Kirchner, una vez que deje el cargo, es liderar la estructuración de una centro izquierda en la cual quedaría comprendido una parte del justicialismo. Este sería un proyecto ambicioso porque superaría un bipartidismo exhausto, con escaso oxígeno, demasiado burocratizado y con ninguna creatividad política.

Por lo tanto, se completan las expectativas disparadas hacia la sociedad. Por un lado, cómo enfrentará Cristina Fernández, ocupando el cargo más importante, los desafíos de la puja distributiva, inecuación energética e inflación. Por el otro, cómo será la acción política que ejercería el actual Presidente en función de optimizar el sistema de representación. Si así no se hiciera, estamos en presencia de una acumulación de poder sin más, tal cual ha ocurrido en buena parte de la historia latinoamericana.

La población no pone reparos a la candidatura de una mujer, ya que Cristina Fernández es vista como una contrafigura de la debilidad, la fragilidad y la incompetencia de Isabel Martínez de Perón. La figura asociada  más próxima es Bachelet y la más lejana es Hillary Clinton. El imaginario colectivo indica que la candidata oficial comparte una misma línea con Néstor Kirchner; se supone que si ella es Presidente, él va estar cerca apoyándola.

Los aspectos positivos más destacados que señala espontáneamente la población sobre la figura de la senadora aluden a aspectos caracteriológicos de fortaleza, decisión, capacidad de mando, y se la define como no negociadora e irreductible. Por otro lado, los aspectos negativos más destacados son: distanciamiento con la gente, soberbia, poca humildad y falta de experiencia en la gestión.

Otras expectativas se generan ante este eventual gobierno con Cristina Fernández de Presidente. Muchos creen que le imprimirá al gobierno un mayor énfasis, que luchará contra las multinacionales y que mantendrá la oposición ante la política de Bush en la región. Los que establecen reparos políticos a su candidatura lo hacen por considerarla de un perfil más extremo al del Presidente, considerando que la negociación es permanente en la política, se la ve como poco propensa a la flexibilización.

En los espacios más profesionales se especula con que una de las líneas más importantes de Cristina será su política internacional y regional. Destinada a cerrar heridas abiertas en estos cuatro años mejorará las relaciones con Europa,  se acercará al Partido Demócrata -posible ganador en las presidenciales norteamericanas-,  reforzará la relación con Brasil con cierta lejanía -pero sin rupturas con el Presidente Chávez- y aventará toda duda de desatención a la investigación sobre la AMIA, considerando la estrecha relación con la comunidad judía que ella cultiva con atención.
  
Con un perfil más socialdemócrata y menos peronista, Cristina Fernández tendrá que gobernar sin las mieles que encontró el actual Presiente a poco de andar en su mandato. Hay menos cosas que inaugurar, aunque para un progresista latinoamericano, haya todavía mucho camino por recorrer para optimizar una democracia que sigue estando acotada por la débil institucionalidad y la fuerte desigualdad que se despliega en su territorio.
   
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Ricardo Rouvier
Consultor y politólogo argentino
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