www.diariocritico.com

Fernando Jáuregui

Contactos diplomáticos cuestionables

Contactos diplomáticos cuestionables

 

Contactos diplomáticos cuestionables

 

Fernando Jáuregui

 

31-07-2007  Hay que ver la campaña que se ha desatado desde algunos medios contra el ministro de Exteriores, Miguel Angel Moratinos, por haberse reunido con el 'número dos' de Hizbulá. Dice alguna portada que el encuentro en Líbano con Naim Qassem, al que Washington responsabiliza de múltiples atentados terroristas, aleja aún más a la diplomacia española de los Estados Unidos. En Exteriores, claro, no lo creen así. En La Moncloa, tampoco,  y me dicen que en algunas cancillerías europeas tienen asignado a Moratinos, por su preparación y relaciones en este terreno, el papel de contactar con todas las partes implicadas en el conflicto, que lleva camino de convertirse en secular, de Oriente Medio.

   Contactar con alguien no es apoyarle, sino conocerle. Sería un disparate decir que la política exterior española está cercana a lo que Hizbulá, puro fanatismo enloquecido, representa. A mí me parece, más bien, que mejor haría la Administración norteamericana, que en algunas cosas parece estar bastante desinformada por sus posiciones radicales o excesivamente parciales, si aprovechase los conocimientos que sin duda Moratinos y el Gobierno español en general están dispuestos a ofrecerle. En lo que se refiere a Oriente Medio y en lo que se refiere también a América Latina en general y a los gobernantes 'duros' cercanos al bolivariano Hugo Chávez en particular.

   Una diplomacia 'neutral' es la que es capaz de mantener contactos, al menos contactos, con todas las partes implicadas en un conflicto, y Hizbulá es, pienso, parte esencial, quizá la menos razonable, pero esencial, en ese conflicto. Hay sectores empeñados en que la política exterior de nuestro país se escore hacia un lado, el que representan los Estados Unidos, olvidando que aquello, en el gobierno anterior, no acabó de dar mejores resultados que la mano bushiana en el hombro de Aznar durante aquella desdichada 'cumbre' de Las Azores. Eso, y un indudable aislamiento en los centros de decisión europeos.

   Que Moratinos mantenga contactos con Hizbulá, o, en muy otro plano, con Chávez, con Evo Morales o, por qué no, con Fidel Castro o con sus sucesores, me parece una de las cuestiones esenciales de ese encaje de bolillos que debe ser una diplomacia que quiere ofrecer algo original, valioso, a sus aliados occidentales. Siempre y cuando, naturalmente, no se ceda a algunos planteamientos demagógicos de figuras que, que como algunas de las citadas, son escasamente democráticas. Y, hasta ahora, no tenemos constancia de que se haya dado cesión alguna.

   Claro que una cosa son los contactos oficiales del ministro, que personalmente creo que hay que aprobar sin reservas, y otra los subterráneos que pretenden mantener, a veces pretextando sus cargos o influencias, algunos aprovechados. Hay que reconocer que noticias como la que este martes nos ofrecía el especialista en temas de defensa de 'El País', asegurando que el ex espía acusado de traidor al Centro Nacional de Inteligencia, Roberto Flórez, se ofreció como asesor al presidente boliviano Evo Morales, no ayudan mucho a ese papel de puente que España quiere reservarse entre Europa y América Latina. Flórez, que parece que espió en Perú, donde el ex presidente Alejandro Toledo almacenaba tantos agravios contra los 'servicios' españoles -llegó a mostrarme un día en Lima un pequeño alfiler-micrófono que encontró en su sofá--, también tenía 'oficina' en La Paz y pretendía instalar otra en México DF, se supone que para 'vender' sus servicios de 'asesoramiento en conflictos', que era el extraño objetivo oficial de la empresa que regentaba tras abandonar el servicio secreto.

   Pero, en fin, el caso del 'espía traidor' metido a asesor áulico en América Latina no es el único, aunque el de Flórez, con todo el escándalo montado con su 'defección' a los servicios secretos rusos, sea el más llamativo y peculiar. Porque, en el ámbito del puro asesoramiento, tanto Evo Morales como el ecuatoriano Correa y el venezolano Chávez tienen varios influyentes colaboradores españoles, algunos de los cuales, como un par de periodistas de ideología izquierdista que conocemos, comparten los tres gobiernos. Y el mismísimo Jorge Verstrynge, ex secretario general de Alianza Popular, evolucionado luego hacia la izquierda, se reconoce abiertamente 'asesor militar' del ejército bolivariano.

   Esto de asesorar, ya se sabe, es materia en la que caben muchos, hasta ex presidentes de gobierno a los que hemos visto 'intermediando' por intereses de terceros cerca de gobernantes latinoamericanos, como el argentino Kirchner. Y ello me parece, que conste, perfectamente legítimo, aunque puedan cuestionarse algunas facetas de la estética del asunto. Y es que me parece que estas 'asesorías' españolas, que un día denunciara tan abiertamente el entonces aspirante a la presidencia de Perú frente a Fujimori, Alejandro Toledo, favorecen poco, a la postre, al entendimiento entre ambas partes del Atlántico, porque no siempre son tan transparentes, tan desinteresadas ni tan patrióticas como debieran.

   Claro que, ya digo, afortunadamente la diplomacia española va ahora por otros derroteros más oficiales que no pasan, por ejemplo, por tentaciones como la de apoyar aquel golpe contra Hugo Chávez, o la de utilizar a los 'servicios' subterráneamente a favor de determinadas empresas patrias. Ahí está, por ejemplo, el viaje 'de imagen', tan necesario en estos momentos de tensión con algunos gobiernos -como la crispación que dejó la reciente estancia en España de Cristina Kirchner--, que la vicepresidenta Fernández de la Vega está realizando por seis países latinoamericanos, y los varios otros que dirigentes políticos españoles emprenden hacia esos países hermanos. 

   No será, desde luego, por encontrarse con Chávez, como han hecho ya tantos mandatarios españoles, con Evo Morales o, en otro plano -no comparemos, por favor_con los líderes más extremistas, quizá hasta terroristas, de Oriente Medio, por lo que tienen por qué incurrir nuestros representantes políticos en la ira de la Administración Bush. Y -espero que nadie me cuelgue el socorrido sambenito de antiamericano por decir esto-- , si incurren, qué le vamos a hacer: una muestra más de la miopía que ha marcado el a mi juicio desastroso trayecto en política internacional del actual inquilino de la Casa Blanca, al que ya le queda, menos mal, poco en el puesto.

 

 

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (0)    No(0)

+

0 comentarios