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Entre la ética y la injusticia

Entre la ética y la injusticia

En reciente vista a Chile del periodista español Fernando Jáuregui, se debatió la libertad de expresión y el derecho a la información en una sociedad democrática.

Estos dos conceptos están mediados hoy día por la plataforma digital, que permite una representación de la realidad mucho más amplia que la de antaño o la de los tiempos de dictadura pinochetista o franquista según sea el caso.

Así lo hizo ver Jáuregui, un periodista envidiable porque se ha desempeñado en la radio, la prensa, la televisión y además ha escrito libros con perspectiva histórica.

Sin embargo su aspiración profesional no descansó ahí. También metió su nariz en la plataforma digital creando un espacio de información que permite eludir la censura previa, la censura represiva y la autocensura de los medios tradicionales.

Su www.diariocritico.com tiene expresión real y atiende las particularidades de cada país: www.diariohispanochileno.com , en México, Bolivia, Perú, Argentina y Ecuador, y en breve Panamá.

A todo esto, en Chile se había desatado un debate a partir del paro de los trabajadores de las empresas subcontratistas de Codelco, “la viga maestra de la economía chilena” o el “sueldo de Chile”, como ha sido denominada nuestra principal riqueza en diferentes momentos históricos.

La Conferencia Episcopal, que agrupa a todos los obispos de Chile, se pronunció en una declaración pública apuntando a las diferencias sustantivas de ingresos entre trabajadores de planta de Codelco y los subcontratados que por una misma función reciben distinta remuneración.

La declaración se publicó a medias. No fue destacada ni menos ampliada o comentada.

Fue la entrevista de Radio Cooperativa, realizada a Monseñor Alejandro Goic, la que encendió la hoguera.

El obispo de Rancagua, Presidente de la Conferencia Episcopal, habló latamente de la injusticia que se comete contra los trabajadores pagándoles sueldos miserables de 140 mil pesos (unos 250 dólares mensuales).

Apeló a los que creen en Cristo. En alusión directa a Eliodoro Matte y a otros grandes empresarios, habló de la ética cristiana para reflexionar en torno a esta brecha enorme entre muy pocos ricos y muchísimos pobres. La vergüenza social le parecía insostenible a la autoridad eclesiástica.

Y se desató la tormenta. Para empezar sus palabras fueron ignoradas por los medios de comunicación. Pero los aludidos y sus representantes parlamentarios acusaron el golpe.

Una senadora de la UDI (equivalente al Partido Popular de España), dijo que el obispo “no sabe nada de economía”. A ponerle la lápida. Nada de argumentos. Había que descalificarlo y dejarlo rápidamente fuera de combate.

Pero el obispo, a pesar de su grave dolencia a la columna, no se amilanó. Decidió ampliar sus juicios y habló de un salario ético mínimo de 250 mil pesos (unos 500 dólares).

Semejante propuesta estuvo a punto de provocar un desmayo generalizado entre los grandes empresarios y sus senadores de la derechista Alianza por Chile.

El candidato presidencial de Renovación Nacional, Sebastián Piñera, se mostró de acuerdo, siempre y cuando el dinero que falta para completar la cifra lo ponga el Estado. Quiere que salga de las arcas fiscales, no del bolsillo de los que más ganan. 

Un escribiente de fin de semana dice sin ponerse colorado siquiera: El salario mínimo no es la causa de la pobreza en Chile.

Para justificar su aserto le adjudica al mundo laboral la responsabilidad cuando afirma: En ese salario, en ese precio, está reflejada la terriblemente baja productividad de la mano de obra no calificada de nuestra economía.

Le faltó hacerle el coro a Sergio Villalobos, historiador de lenguaje franco y sin desparpajo, que exhala racismo de la más pura cepa. Pero dejemos que él hable: …el pueblo indígena no tiene derecho a reclamo porque entregó tierras a cambio de baratijas, aguardiente, géneros, corvos y espadas.

Pero como si eso fuera poco se manda un párrafo como en los mejores tiempos de Cantinflas, ese talentoso comediante mexicano que copó de entretención a muchas generaciones con su peculiar vestimenta y el abuso de la palabrería hueca, sin contenido.

Tal vez hubiera sido ecuánime que el presidente de los obispos, junto con emprenderlas contra el salario mínimo, también hubiera tenido una palabra de crítica o consideración respecto de otras variables, que a lo mejor son técnicas, pero no mucho más técnicas, que los 250 mil pesos que él plantea. Digno de Cantinflas, que si estuviera vivo habría cobrado derecho de autor.

Por si fuera poco las emprende contra la Iglesia, seguramente el “peligro” que representa para los intereses del serio columnista dominical, y apunta: …los modelos de desarrollo por los cuales se ha jugado la doctrina social de la Iglesia en el mundo y en Chile, dejan mucho que desear (sic).

Y si no les queda claro, arremete contra el padre Hurtado, al que tanto le costó llegar a Santo, fuertemente comprometido con los desposeídos, los trabajadores, los pobres de la ciudad y del campo.

El testimonio de caridad del Padre Hurtado, por ejemplo, podrá ser muy potente, pero su fe en que la solución iba a venir por el lado del sindicalismo campesino e industrial en el Chile de los años 30 o 40 es a los menos ingenua.

El cuento es que semejante plumario se pasa una página completa escribiendo sandeces y nunca nos dice cuál es la causa de la pobreza en Chile, cuando esa era su hipótesis en la baja de título EL PAGO DE CHILE.

El señor de marras debería saber que la falta de equidad en Chile, encuentra fundamento en la ley laboral, impuesta durante la dictadura, donde los sindicatos quedaron atomizados. Aprovechándose de la legislación, en muchas partes ha habido prácticas antisindicales expresadas en empresas de papel, para que los trabajadores no se puedan agremiar.

De siete millones de chilenos que trabajan, sólo el 50 por ciento cotiza para su jubilación. De los 3 millones medio restantes la mitad no alcanza a completar los 20 años que exige la ley de AFP, para recibir una retribución digna en la vejez.

Para abundar. Sólo el 12, 2% de los trabajadores están sindicalizados.

Sobre la base de 100, desde 1992 a 2006, la productividad se ha elevado a 155.

Las remuneraciones han crecido sólo hasta 120, según el economista Humberto Vega.

¿Quién se echó al bolsillo, la diferencia de estos trabajadores, por los que siente desprecio el columnista estrella del domingo?

Sin duda que la falta de equidad requiere solución. El grito de alerta del obispo merece escucharse por los actores sociales, Central Unitaria de Trabajadores, Confederación de la Producción y el Comercio, gobierno, oposición, partidos políticos de todo el espectro, deberían sentarse en torno a una mesa franca, abierta, para sincerar la realidad de un Chile que lo tiene todo para mirar con optimismo el futuro. Diálogo social es lo que falta.

Si los medios aplican el pluralismo y atienden a la diversidad y difunden menos farándula y menos hechos criminales, la realidad podría cambiar. Tendríamos un país más justo y equitativo donde todos puedan gozar del bienestar.

La libertad de expresión, sumando y restando está vigente, sin embargo el derecho a la información tiene graves limitaciones en un país que se siente orgulloso de su estatus en el continente latinoamericano.

Sólo una sociedad ampliamente informada podrá debatir con fundamento y recoger los frutos de la fortaleza de la discusión para dejar en el pasado la inequidad.

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Sergio Campos Ulloa
Periodista
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