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Cambio de apellido

Cambio de apellido

Hay que reconocer los avances. Se abrió la posibilidad de cambiarle el apellido al salario que recibe una parte importante de los trabajadores chilenos. De Sueldo Mínimo pasaría a Sueldo Ético.  Una mutación relevante.  De tan pequeño que no hay menor ni igual, saltaría a la Filosofía, al ámbito de la moral, donde se tratan las responsabilidades del ser humano.

La propuesta del obispo Alejandro Goic ha causado conmoción. Personajes de la más diversa significación se han pronunciado. Sobre todo que el prelado hasta dio una cifra. A 0 mil debería ascender este Sueldo Ético. La derecha lo ha descalificado por meterse a opinar sobre cosas que no sabe.  Lógico, se supone que un hombre del espíritu no tiene que inmiscuirse en un terreno tan mundano como es lo que el empresariado debe pagar a sus trabajadores.  Sobre todo que recién nomás se aprobó el Sueldo Mínimo, que es de 4 mil.  El Gobierno, por su parte, ha aplaudido la creatividad de Goic. Y dirigentes oficialistas han enfilado sus fuegos a condenar a la oposición derechista por negarse a legislar a favor de los más necesitados.   

Independiente de si Goic sabe o no lo que dice, ha quedado claro que alguien le está haciendo el trabajo a los dirigentes políticos. Que la concentración económica en Chile es escandalosa, lo sabemos todos. Es más, en cada campaña política, gobierno y oposición enarbolan las banderas de la equidad.  Hablan de la necesidad de cerrar la brecha repartiendo la riqueza de manera más igualitaria. Y aquí estamos enfrascados en una pugna, porque un sacerdote vino y dijo lo que había que hacer.

Es cierto que habrá que precisar las cosas. Eso de Sueldo Ético es demasiado etéreo, ya que recurre al compromiso, a la conciencia, de los patrones.  Y habrá algunos que puedan pagar los 0 mil mensuales y otros a los que el negocio no le dará para hacerlo. Pero, sin duda, serán muchos los que, pudiendo, optarán por maximizar las ganancias y dejarán lo ético en el cajón del escritorio.

Respecto de estos últimos, algunas precisiones.  ¿Qué hacen los empresarios? Intentan tener éxito en un mundo competitivo. Para ellos, eso significa ganar lo que más puedan en el menor tiempo posible.  Para alcanzar tal objetivo, varios heridos quedarán en el camino, empezando por quienes elaboran el producto o prestan el servicio directamente al público.  Luego, el perjudicado será el consumidor.  Los primeros recibirán el salario que haga lo más extensa posible la diferencia entre costo y beneficio.  En cuanto a los consumidores serán obligados a pagar lo más que puedan para aumentar las ganancias. ¿Cómo no entender a estos empresarios en su inmoralidad?

Así funciona el esquema.  Capitalismo salvaje puro. ¿Qué tiene que ver la ética con esto?  Nada.  El lucro desmedido es inmoral.  En el afán de lograrlo no se trepida en mentirle a la gente para que compre cosas que no necesita y pague por ellas mucho más de los costos reales (ganancia razonable del propietario incluida).

Goic dio en el clavo.  Obviamente algo no está funcionando. Y como quienes tendrían que remediarlo no hacen lo que deben, debió bajar una voz de los púlpitos para decírselo a los políticos.  Más que descalificarlo, a mí me daría vergüenza. Y en vez de aplaudirlo, me sonrojaría, pensando que he actuado como gerente de un modelo, olvidando el compromiso con todo un pueblo a impulsar el crecimiento con  igualdad.  Han pasado 17 años y no sólo las promesas no se han cumplido, sino que las diferencias se acrecentaron.

Sin embargo, esto del cambio de apellido del sueldo ha servido para acentuar el perfil  de quienes debieran ser los referentes en el país. El adalid de la derecha, el empresario Sebastián Piñera, hizo su propia propuesta.  En pocas palabras, le carga la mano al Estado poniendo énfasis en subsidios para los más pobres. Ningún esfuerzo adicional para el sector empresarial, ni recurrir a la solidez ética. Al menos es realista. No está de más decir que su idea no soluciona el tema de la brecha entre los pocos que tienen mucho y los muchos que reciben muy poco.

Sin duda, este será un tema de campaña nuevamente.  Y Piñera, como líder de la derecha, tendrá dificultades para enfrentarlo. Incluso ahora que ha renunciado a los directorios de algunas de sus empresas, porque eso no lo desliga del gran capital, en el que sigue siendo un propietario destacado.

En fin, la propuesta del obispo permite sincerar las cosas. Cuando habla de ética, deja al desnudo una situación que es insostenible. Un país no puede mantener una economía exitosa que hace muy ricos a unos pocos. Algo anda allí muy mal y quienes gerencian el modelo tienen que saberlo. Es lo que está causando problemas graves dentro del Partido Socialista y que ya ha provocado más de algún pronunciamiento altisonante en la Democracia Cristiana.

Es posible que haya quienes piensen que todos estos debates son estériles.  Que frente al sistema neoliberal no hay alternativa.  A ellos hay que recordarles que en los daños también hay grados.  Y Chile tiene mucho por hacer para dejar de estar entre las diez naciones que peor reparten la riqueza en el mundo. Para eso no hay que quebrarse la cabeza pensando en alternativas que no aparecen. Basta con un poco de moral.

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Wilson Tapia Villalobos
Periodista
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