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Un diario sin puertas

Un diario sin puertas

La nieve estremece Santiago. La estatua de Andrés Bello se transforma con una belleza alba que contrasta con la austeridad del gramático. Adentro, sombríos pasillos de la sede central de la Universidad de Chile enfrían los ánimos.

Pero refrescante, documentado e irónico el periodista español Fernando Jáuregui habla con vigor de la revolución de las nuevas tecnologías.

Coloquial y diestro, alienta la libertad de expresión y la independencia de los diarios electrónicos.

“A ambos lados del Atlántico hemos sufrido situaciones injustas y tenemos que dar el mejor servicio de información para que los ciudadanos sean más libres”, sentencia.

De largo tránsito profesional y académico, advierte que con Internet tiempo y espacio han saltado en astillas.

Está convencido de que no es enemigo del libro sino complemento. Y alaba su inmediatez e interactividad.

La televisión es –en su mordacidad- “capaz de degollar a su madre por un punto de audiencia”.

Optimista, piensa que la globalización real de la información hace difícil la censura. Nadie le pone puertas.

Teme a la homogenización excesiva, a la clonación.

En el primer piso los periodistas asocian “el mejor oficio del mundo” –en la vanidosa definición de Gabriel García Márquez- con la literatura.  Promueven sus libros en el centenario del Círculo de Periodistas de Santiago, que preside Verónica Martínez.

Jáuregui habla sin ánimo de pontífice. Su vida cambió hace diez años de la convención de conferencias de prensa, boletines oficiales y autoridades que no aceptan preguntas a un universo autónomo con una cadena de diarios electrónicos. Entre ellos, “Diario hispanochileno”, conducido por el avezado colega Leonardo Cáceres Castro.

Es el camino restaurador e inaugural que une la frescura de lo instantáneo al alcance de todos y sin costo con el almacenamiento del pasado en una hermosa hemeroteca.

La nieve esmerila los vidrios del viejo edificio céntrico. Y el español incita a que el periodismo en papel y la televisión de reinventen.

Ayuda a huir de fórmulas pretéritas y previsibles, repetidas y añejas. “El periodismo ya no es sólo del emisor”, dice con énfasis. Acepta que la radio era el medio más cálido y rápido

La imposibilidad de restricciones y la expulsión de llaves que cierren sus pórticos, implican el riesgo de los impertinentes que crean –por ejemplo- páginas pornográficas. Pero en sustancia, “Internet es la pesadilla de los poderosos y de los dictadores”.

Mientras la nieve genera una noticia inapelablemente insólita, Fernando Jáuregui ruega que “nunca más se secuestre nuestra libertad”.

Así sea.

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Enrique Ramírez Capello
Periodista, ex Pdte. del Colegio Nacional de Periodistas de Chile

(Este comentario se publica el 14 de agosto 2007 en La Nación)
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