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Y en esto llegaron Gehry y Paniego... y nos desmintieron

  • Restaurante del hotel Marqués de Riscal, Elciego, Alava.

Casi habíamos hecho una filosofía gastronómica basada en: no hay hotel de moda que ofrezca una buena cocina. Y nos confundíamos. Claro que el Hotel Marqués de Riscal de Frank Gehry es, y será, mucho más que un hotel de moda.
Creo que ya hemos utilizado la manida y rancia expresión de “marco incomparable”, pero créanme, este caso se lo merece, sin duda. Comer en ese restaurante es un auténtico lujo.

Primero, cuando llegan ustedes y ven ese maravilloso capricho que ha hecho Gehry para la firma Marqués de Riscal en medio de la Rioja Alavesa, ya piensa que el viaje ha merecido la pena. Luego, un atento personal te guía hasta la segunda planta; allí está el magnífico restaurante que lleva el chef Francis Paniego, que se desempeña en el famoso Echaurren, en Ezcaray. Magnífico por el local en sí mismo. Un amplio comedor con tan solo 11 mesas en una sala de unos 5 metros de altura y de arquitectura irregular que permite bastante intimidad entre unas mesas y otras. Todo te predispone ya bien.

Pero en un restaurante por encima de todo está la comida, claro. Y les aseguro que no desmerece. Si ustedes escogen el menú degustación, y yo se recomiendo, descubrirán una cocina de elaboración muy moderna, muy trabajada, y además abundante. No como esos Arola y demás que nos matan de hambre.

Para empezar, como snacks, te sorprenden con unas tejas de pipas, crujiente de aceituna negra y bastones de acelga en tempura muy conseguidos, que mantienen el sabor de esos productos con un formato muy agradable de ver y especialmente de comer. Y ya entrando de lleno en el menú nos encontramos con 10 platos a cual mejor. Primero lo que llaman “nuestras croquetas”, exquisitas, de jamón. Después le siguen un queso de cabra cubierto por un néctar de pimientos, muy propios de la zona, que consigue una mezcla de sabores fantástica. Luego vienen pequeñas raciones y de verdad raciones, no como esos platos de otros restaurantes que parecen mini-tapas. La cuajada de foie gras con pimiento rojo y lo que es más sorprendente ¡¡ caviar de vino tinto!! está buenísimo. Le sigue un tartar de tomate con cigala y ajo blanco también muy conseguido y a continuación el huevo Gehry en honor, obviamente, al creador del hotel. Un plato muy elaborado que lleva tejas en los tres colores tan significativos del voladizo del hotel: rosa muy oscuro, en recuerdo del color del vino tinto, plateado por las etiquetas de la marca, y dorado por la malla que envuelve las mejores botellas de la casa. No podía faltar, claro, la menestra, excelente, aunque un tanto escasa de jamón, para mi gusto.

Pero no hemos terminado: después tenemos taco de ventresca de bonito con melón a la parrilla y jugo con aroma de pino y un considerable trozo carrilera de ternera a la plancha con espárragos verdes y manzana asada. Dos platos con una extraordinaria mezcla de sabores que dan medida del buenhacer y la experimentación de Paniego. El menú se acompaña de un vino blanco Marqués de Riscal (claro) Ruedo Verdejo, pero nosotros además pedimos un tinto Barón de Chirel, que es el orgullo de la misma bodega. Los dos excelentes.

Así que, en este caso, ni un pero a la cocina. Y tampoco al personal del restaurante, con una magnifica formación, cuidado y trato para con cliente, cosa cada vez, desgraciadamente, más rara de encontrar. Eso sí la cuenta es muuuy alta: unos 130 euros por persona. Es lo que tienen estas cosas… pero una vez en la vida merece la pena.

Pero si además tiene la suerte de alojarse en el hotel podrá tomar una copa en una terraza en la que se aprecia el silencio de estar en pleno campo de la Rioja alavesa. Y podrá disfrutar de un desayuno ‘a lo grande’.

CALIFICACIÓN

Comida: 10, casi, casi con matrícula de honor.

Personal y servicio: 10

Ambiente: 9, para que no parezca que tenemos acciones en el hotel o que nos hayan invitado (ya quisiéramos).
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