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Cumbre ¿de ausencias?

Así titulaba el influiyente diario 'El País', de Montevideo, para informar del inicio, este jueves, de la "cumbre" iberoamericana en esta ciudad. Miles de periodistas se congregan en la ahora incómoda capital uruguaya para dar testimonio del encuentro de una veintena de jefes de Estado y de Gobierno, algunos de ellos particularmente mal avenidos, con la presencia, que siempre pretende ser conciliadora, del Rey de España y del presidente del Gobierno español, que, con cierto retraso, llegaban en la mañana del jueves al aeropuerto Carrasco.

¿Ausencias? Algunas, notables. La del brasileño Lula, la más importante, porque el reelegido Lula representa la opción de izquierda viable y razonable frente al chavismo, moderna versión del castrismo, cuyo máximo representante, el comandante Castro, está lógicamente ausente por enfermedad. La no presencia del peruano Alan Garcia también resulta significativa: ha declinado estar en Montevideo, aunque el Rey Juan Carlos se lo pidió e inicialmente dijo que sí. El polémico presidente argentino, Néstor Kirchner, que mantiene tensiones con Uruguay por el caso de las papeleras, estará apenas unas horas y ni siquiera nos confirmaban plenamente en la enorme sala de prensa instalada, entre grandes medidas de seguridad, en Montevideo, que vaya a encontrarse bilateralmente con Zapatero.

La propia Reina de España ha tenido que ausentarse por sufrir una gripe, lo que desluce bastante la presencia, siempre importante -estas cumbres constituyen la única ocasión en la que el jefe del Gobierno y el del Estado de España acuden juntos a un acto internacional-, de España.

Además, el tema central a tratar, las migraciones, es fuente de diferencias múltiples. Claro que se llegará a un consenso sobre un texto común. Pero eso no va a significar avance alguno. Y esta segunda edición de una cumbre gestionada por el secretario general iberoamericano, Enrique Iglesias, uruguayo, amenaza, a este paso, con quedar en casi nada. Es la sensación que tienen muchos. Veremos, pero, para quienes creemos en la necesidad de un puente constante entre los iberoamericanos y España hacia Europa, cabe poca euforia, visto lo visto, una ocasión perdida más tras dieciséis convocatorias.
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