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Griñán no es tan tonto como lo pintan

Griñán no es tan tonto como lo pintan

domingo 22 de abril de 2012, 14:09h
En contra de los que aseguran sus enemigos políticos y de lo que afirman muchos de sus compañeros (que no amigos) de partido, los hechos están demostrando que José Antonio Griñán, Pepe para los colegas, no es tan tonto como quieren hacernos creer. Visto desde la distancia y analizando su trayectoria desde que Manuel Chavesle cedió la Presidencia de la Junta de Andalucía, allá por la Semana Santa del 2009, su estrategia, a veces criticada y muchas veces incomprendida, le está dando un resultado que para sí quisieran muchos de los expertos en diseño político del PSOE. Los que le conocen le tildan de soberbio, de engreído, de autosuficiente, de exquisito, de inaguantable. Yo, que sólo habré hablado con él medio centenar de veces, entre otras cosas porque nunca me ha dejado entrevistarle, no me considero capaz de juzgarle pero sí puedo dar fe de los óptimos resultados que ha conseguido en estos tres últimos años de mandato aplicando con perspicacia, tiento y cierta medida una política que muchos habían tildado de errática y equivocada. Veamos. 
Lo primero que hizo nada más ocupar la Presidencia de la Junta fue remodelar el Ejecutivo heredado de Chaves, cercenando de raíz a todos aquellos que formaban la guardia pretoriana del ex presidente y colocando en puestos estretágicos a quienes le iban a servir como escuderos en su nuevo proyecto de partido. Eso sí, se cuidó mucho de no tocar a aquellos miembros del Gobierno que, como Mar Moreno o Micaela Navarro, gozaban de una especial protección de la Ejecutiva Federal comandada entonces por José Luis Rodríguez Zapatero. Tan sólo seis meses después de ocupar la Junta, se atrevió a plantearle a su todopoderoso antecesor, un pulso para arrebatarle la Secretaría General del PSOE andaluz, un órdago a grandes que muchos pensaron que iba a suponer su inminente ruína política. Pero el Congreso Extraordinario de Sevilla, que muchos auguraban como el principio del fin, se cerró con una apoyo a la búlgara de la nueva Ejecutiva y un respaldo casi absoluto al nuevo secretario regional quien, inmediatamente, puso en marcha la podadora para limpiar del partido a todos aquellos dirigentes provinciales que recordaban al antiguo "chavismo". 
También entonces, este enfrentamiento con agrupaciones tan poderosas como Jaén, Almería, Córdoba. Málaga, Cádiz y, sobre todo, Sevilla, fue interpretado por muchos comentaristas políticos andaluces como una jugada fallida que abriría el melón de las disensiones en un partido que ya preparaba el relevo de su secretario general, José Luis Rodríguez Zapatero, en una lucha abierta entre Alfredo Pérez Rubalcaba y Carmen Chacón. Una lucha en la que, en contra de los deseos de sus asesores, Griñán apostó por la candidata perdedora, Carmen Chacón. También aquí la apuesta podría haberle costado cara, pero en esos momentos, Griñán era prácticamente el único barón socialista que continuaba en el poder después de que el PSOE perdiera el Gobierno y casi todas las autonomías españolas a manos de los populares en las elecciones generales y autonómicas del 20-N. También aquí acertó con su decisión de agotar la legislatura en Andalucía y no hacerle caso a Rubalcaba para adelantara los comicios andaluces junto a las generales como había sido siempre la tónica general.
La pérdida del poder en Andalucía que auguraban todos los sondeos no parecía hacer mella en su proyecto porque Griñán sabía de antemano que las duras medidas que tendría que adoptar el Ejecutivo de Mariano Rajoy nada más acceder al poder, le iban a pasar una costosa factura al PP andaluz y a su líder, Javier Arenas. Así que centró su campaña electoral en la subidas de impuestos, en los recortes y en las "mentiras" del PP, sin entrar ni de pasada en los dos grandes asuntos que culpaban a su Gobierno de mala gestión, el más de un millón de parados andaluces y, sobre todo, la corrupción generalizada en la trama de los EREs fraudulentos Visto lo visto el 25-M, se ha demostrado que Pepe Griñán tampoco se equivocó demasiado en sus previsiones. Aunque perdió las elecciones andaluzas ante el PP-A, cediendo nada menos que nueve diputados, esa derrota se trastocó en triunfo al no obtener Arenas la mayoría absoluta que cantaban las encuestas.
Le queda ahora a Griñán un último reto antes de que se jubile en 2016: gestionar un complicado Gobierno de coalición con IULV-CA con su coordinador general, Diego Valderas, como vicepresidente de la Junta y segundo de a bordo. Se presume que va a ser un tiempo crítico en el que todo lo que se haga mal será culpa del Gobierno de Rajoy, y lo que se haga bien o menos mal serán éxitos de Griñán, ya sea en Sanidad, en Educación, en Empleo, en Obras Públicas o en Economía. Ya veremos si, al menos con el fiscalizador apoyo de la coalición de izquierdas, logra borrar esa imagen de corrupción generalizada que durante los últimos años ha sobrevolado la comunidad andaluza. La pregunta es ¿aguantará este "pacto de los sillones" los cuatro años de esta IX Legislatura? Casi todos afirman (afirmamos) que no. Pero también aquí, como las encuestas, podrían (podríamos) equivocarnos de nuevo. Por todo ello, hay que reconocerle a Pepe Griñán que, dados los resultados, su estrategia política ha sido impecable. Chapeau, Pepe, lo cortés no quita lo valiente.     
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