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El día en que Arenas se convirtió en Rajoy

El día en que Arenas se convirtió en Rajoy

jueves 03 de mayo de 2012, 19:14h
Tras las dos sesiones parlamentarias del debate de investidura de José Antonio Griñán como presidente de la Junta de Andalucía, sólo ha quedado clara una cosa, que el "pacto de los sillones" de la coalición PSOE-IULV-CA se va a dedicar los años que aguante -hay quien no le da más de dos- a hacer de oposición al Gobierno de Mariano Rajoy. De hecho tanto el discurso inicial de Pepe Griñán como sus réplicas y dúplicas a Javier Arenas se han centrado únicamente en denunciar los recortes del Gobierno central en Educación, Sanidad y políticas sociales sin proponer ni una sola idea nueva, ni un proyecto ni una nueva inversión para sacar a Andalucía del actual estado de depresión o para buscar una salida al millón trescientos mil parados que soporta la comunidad con más índice de desempleo de toda la Unión Europea. Si cerramos los ojos, la tribuna del Salón de Plenos del antiguo Hospital de las Cinco Llagas podría haber estado ocupada por Rubalcaba, Cayo Lara y Rajoy. Hubiese sido lo mismo. y los discursos, por repetidos, similares a los que ya oimos hace cuatro meses en el debate de investidura del presidente del Gobierno, pero algo más cargados de bombo después de los últimos recortes aprobados por el Consejo de Ministros, y los que te rondaré morena porque nadie duda que lo peor está aún por llegar.

Es curioso, pero los dos líderes de la coalición de Gobierno, Griñán y Valderas, coinciden en asegurar que los andaluces han optado en las pasadas elecciones del 25-M por un Ejecutivo de izquierdas para justificar el pacto, mientras el jefe de la oposición, Javier Arenas, defiende que los andaluces han votado mayoritariamente al PP-A. Ambos llevan razón pero habría que aplicar el dicho de "nada es verdad ni mentira, todo es del color del cristal con que se mira". Porque si uno de pone a observar los resultados habría que preguntarse el porqué de la alta abstención y si miramos los escaños conseguidos por cada fuerza política (PP-A 50, PSOE-A 48 e IULV-CA 12) también podría asegurar que los andaluces lo que han votado de verdad es que PP y PSOE se pongan de acuerdo en buscar soluciones al drama que sufrimos, a la crisis, al paro y a los recortes, dándole una bofetada a Rajoy en el rostro de Arenas. Sé que sería imposible en estos momentos, pero ¿no hubiese sido más lógico y efectivo un pacto PP-PSOE que acabase con unos enfrentamientos entre los dos principales partidos que siempre acaban pagando los ciudadanos?

Con todo, la palabra que más se ha escuchado en este debate ha sido la del consenso y el diálogo, sobre todo para combatir el paro. Griñán se lo ha ofrecido a Arenas y Arenas se lo ha ofertado a Griñán en la defensa de los intereses de Andalucía en Europa, pero mucho me temo que todo era un brindis al sol, un juego de palabras vacías. La única posibilidad de supervivencia que tiene Griñán es que el pacto de Gobierno firmado con Valderas se perpetúe durante los cuatro años de la IX Legislatura y para ello es fundamental que ambos tengan un enemigo común que no es otro que el Gobierno del PP y sus duras medidas de ajuste. De ahí que la frase que más le dolió al nuevo presidente de la Junta fue una que Arenas le dedicó a Valderas: "Espero -le dijo- que todas sus anteriores críticas a la política desarrollada por el PSOE estos cuatro años no se conviertan en "pelillos a la mar" a cambio de unos puestos en el Consejo de Gobierno". Valderas se lo tomó con sorna, pero Griñán saltó como si le hubiesen dado una estocada. Y es que, lo vendan como lo vendan, como "gobierno de progreso" o como "voluntad de los andaluces expresada en las urnas", lo cierto es que este primer pacto entre el PSOE e IULV-CA, no es sino un reparto de sillones para que unos (el PSOE-A) puedan seguir gobernando cuatro años más, y otros (IULV-CA) alcancen un poder efectivo que los electores andaluces siempre le habían negado. Todo ello, naturalmente, de manera muy legal y muy democrática, faltaría más. 

Pero llamemos a las cosas por su nombre para que después los andaluces no se sientan engañados. Lo único cierto es que Pepe Griñán es el único presidente andaluz que va a gobernar durante dos legislaturas seguidas sin haber ganado elección alguna. Todo un record para un político, Pepe Griñán, y para un partido, el socialista, que alcanzará en 2016 casi los cuarenta años de poder ininterrumpido en Andalucía. Es, desde luego, un mérito que hay que reconocerle a ambos. Al final, el resultado con el que fue elegido Pepe Griñán como presidente de la Junta de Andalucía, 58 síes contra 50 noes, refleja un pobre marcador de un encuentro de baloncesto. Y ni siquiera el díscolo alcalde de Marinaleda, Juan Manuel Sánchez Gordillo, tan amenazador él, se atrevió a votar contra Griñán no sea que fuera expedientado por la coalición de izquierdas y tuviera que abandonar el escaño. Se limitó a no votar aduciendo que Griñán no era su candidato. Ja. Y es que, pese a todas las teorias sobre la honestidad, el sueldo es el sueldo y la revolución no da para tanto.  
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