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Los círculos viciosos del euro

viernes 15 de junio de 2012, 08:03h
Europa está a punto de escuchar el "jaque mate" todo lo que han sido sus señas de identidad durante más de medio siglo. Si Grecia sale del euro, la Comunidad de los 27 no se mantendrá en pie y los peores fantasmas del pasado regresarán a las ciudades.

El Banco Central Europeo deja dinero barato a los bancos, éstos compran deuda pública de los estados,  que a su vez aprueban que el BCE siga dando mas dinero a los bancos para que sigan comprando más deuda pública. Y así hasta el infinito o hasta que los llamados mercados, que no son sino ejecutivos especuladores en busca del mayor beneficio posible a costa de quien sea y de la forma que sea, hayan exprimido a la víctima hasta dejarla en los huesos. Solo entonces pasarán a la siguiente y a repetir el mismo círculo vicioso en el que están atrapados los gobiernos y los ciudadanos de Europa.

Lo que ha ocurrido en los últimos siete días es el resumen perfecto d ela situación que llevamos viviendo desde hace cinco años: Los mandatarios europeos y los responsables del Fondo Monetario y del BCE dicen una cosa, que es justo lo contrario de lo que afirman los gobernantes españoles, antes lo hacía Rodríguez Zapatero, ahora lo hace Mariano Rajoy. A ambos se les aplaude por las reformas que han puesto en marcha, pero se les incita y apremia a que hagan más y más, pues nada les parece suficiente. Hay que recortar y recortar, para volver a recortar. Dado que no se atreven a devaluar el euro, la moneda maldita que le ha servido a Alemania para mejorar sus posiciones en los mercados internacionales, hay que devaluar a los países menos competitivos, como Portugal, como Irlanda, como España y por supuesto como Grecia. A este último se le coloca como la raíz de todos los males, sin darse cuenta los burócratas de las instituciones políticas y financieras del Viejo Continente que los griegos son otra de las víctimas, y que el culpable es plural: son todos los gobiernos que crearon una moneda común para que se pudiera mover el dinero con mayor facilidad, a costa de crear una hiperinflación en los países cuyo canje de cambio era más desfavorable. De  nuevo España es un buen ejemplo: cambiamos los veinte duros, las cien pesetas por un euro con lo que de golpe y porrazo aceptamos una inflación del 66 por ciento, atemperada por el abaratamiento del precio del dinero, motivado fundamentalmente por la emisión de miles de millones de euros "falsos" o lo que es lo mismo, por la llegada al mercado de "derivados financieros" que decían valer miles de millones de euros y con el respaldo doloso y culpable de las famosas agencias de calificación.

Si Grecia sale del euro como consecuencia de los resultados electorales del día 17, y si ese mismo domingo los franceses hacen avanzar de forma significativa a la ultraderecha agrupada en el Frente Nacional de Le Pen, la Europa que conocemos desaparecerá y lo que encontraremos será la vieja imagen de la intransigencia, los nacionalismos y el miedo. Miedo de los más ricos a perder su patrimonio y miedo de los más pobres a no tener lo más elemental de la subsistencia, con una clase media apresada entre los dos extremos y resignada a retroceder en derechos sociales por el derrumbe del llamado estado del bienestar.

Si ese estado era una de las enseñas de Europa, junto con su cultura y su democracia, podemos decir que esa Europa está dejando de existir por culpa de sus gobernantes, unos dirigentes políticos y unos burócratas institucionales que piensan en pasado, no se atreven a romper las ataduras de lo que llaman mercados, y que colocan a los ciudadanos muy por detrás del mito creado a comienzo de este siglo: el sacrosanto euro, al que temen perder, y al que están dispuestos a defender por encima de todas las cosas, sin darse cuenta que ya está muerto y que tan sólo espera un entierro digno. El tiempo ha pasado e intentar hacer en unas semanas lo que no se ha sabido, ni querido hacer en doce años es un disparate que conduce a endurecer la caída social a la que parece que estamos abocados todos los europeos.

No se trata de las piezas del dominó que van cayendo una tras otra; el juego es el del ajedrez, con Europa en el papel de rey y Alemania en el de reina aparentemente todopoderosa. Para llegar al jaque mate, que de eso se trata en esta guerra universal y financiera, primero hay que "comerse" los peones, luego los caballos y las torres, para finalmente dejar en solitario a la reina que no tendrá más remedio que entregar la cabeza del "monarca". Es más que posible que Angela Merkel haya comprendido que ese es su papel y que sus movimientos sobre el tablero, pare evitar el final, han sido equivocados: cada pieza que entregaba a los mercados - sus oponentes - era un flanco más que quedaba desguarnecido.

Si desde ese centro neurálgico del Continente se creen que van a poder zafarse del acoso financiero están equivocados. Es verdad que sus bancos han recibido miles de millones de euros de la periferia que buscaban la seguridad que ya no veían en sus países, pero con la misma facilidad que han llegado se marcharán a paraísos fiscales o países con menos riesgos. Si miraran la historia reciente, su historia reciente, verían que todo lo que hicieron para combatir la inflación desorbitada de los años 20 les condujo a la llegada al poder del nazismo de la mano de unas clases medias debilitadas y de una clase obrera desesperada a las que se les ofreció la "cabeza del Bautista" en forma de extranjero y judío o comunista, que daba igual a la hora de buscar la salvación a través de la pureza de la raza o de la ideología.
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