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Las vacaciones de la crisis (Capítulo V)

Las vacaciones de la crisis (Capítulo V)

domingo 19 de agosto de 2012, 10:58h
Más que un veraneante gorrón, me estoy pareciendo este verano a un sindicalista del SAT, ya saben de los que acompañan a Sánchez Gordillo en sus asaltos a los mercadonas y sus ocupaciones de fincas y entidades bancarias: Y no lo digo porque yo me dedique a robar en supermecados, que la cosa está mal pero aún no he llegado a esos extremos, sino porque esto de buscar "primos" que te costeen las vacaciones me obliga a hacerme más kilómetros que el baúl de la Piquer. Este mes ya me he recorrido media Andalucía desde Sevilla a Huelva, de Huelva a Málaga, de Málaga a Granada, de Granada a Jaén, de Jaén a Sevilla. Esto es un no parar, Vamos que me parezco a Javier Arenas en plena campaña electoral. Como les decía en el capítulo anterior, mi siguiente desplazamiento, una vez pasada la festividad de la Virgen de los Reyes, lo tenía previsto hacia Almería, al apartamento que tiene un amigo mío en Roquetas de Mar, pero mi gozo en un pozo. Mi señora quiere que antes vayamos al pueblo de su familia a darle una vuelta a los niños y, de camino, a hacernos con algunas vituallas del lugar con las que obsequiar a nuestros próximos anfitriones. Vituallas en forma de chorizos, morcillas, flamenquines, empanadillas y dulces de Campos típicos de la zona. Así que recibiendo las órdenes pertinentes de la parienta, que para sus cosas es un sargento de semana, tomo la N-IV camino de Jaén en plena ola de calor, a las cuatro de la tarde y con el aire acondicionado del coche estropeado desde hace dos veranos. Huelga decir que es absolutamente mentira que Sevilla sea la provincia más calurosa de España. Eso es sólo un invento de los sevillanos que les gusta fardar de que su tierra es la primera en todo. El sitio con todos los récords de temperaturas altas, y basta sólo con echarle un vistazo a las estadísticas de la Aemet, se encuentra a orillas del Guadalquivir en plena campiña jiennense, Andújar. Y a escasos quince kilómetros de allí es a donde nos dirigimos, la ciudad de Arjona.

O el clima ha cambiado mucho en los ultimos veinticinco siglos o no entiendo como los primeros habitantes de estas tierras, los iberos, decidieron aposentarse en la zona de Arjona, Arjonilla y Porcuna. Tampoco comprendo como los romanos y menos aún los musulmanes, tan sibaritas ellos, eligieron estas lomas al Sur de Sierra Morena recalentadas por el sol. El caso es que el pueblo en cuestión, cuna de Ben Alhamar, el fundador de la dinastía nazarí, celebra estos días sus fiestas patronales en honor a dos mártires romanos, San Bonoso y San Maximiano. Como es lógico su población de algo menos de seis mil habitantes, casi se duplica por estas fechas con lo que tomarse tranquilamente una cerveza en uno de los kioscos del paseo se convierte en una tarea practicamente imposible. Mejor, así me evito tener que invitar a mis cuñados y cuñadas, que no está el bolsillo para demasiados gastos pese a que por aquí la tapa va incluída con la caña.

Dejando al margen la Fiestasantos, la quema de Daciano, el traslado de las Reliquias, la novena y la procesión, lo que más me ha marcado siempre de mis visitas al pueblo de mi señora es el calor. Pero no el calor de las cuatro de la tarde, que se las trae, sino el de las cuatro de la madrugada cuando con temperaturas nocturnas de más de treinta grados, comienzas a sudar en la cama como si estuvieras en una sauna. Vueltas y más vueltas con el ventilador como única arma de sudoración masiva. Y cuando por fin logras conciliar el sueño, ¡pum! un sonor cohete cada diez minutos te recuerda que dormir aquí  es como estar en Londres en la Segunda Guerra Mundial y pleno bombardeo de la Lutfwaffe. Si Churchill hubiese pasado por aquí habría reconvertido su famosa frase en "nunca tan pocos dejaron sin dormir a tantos". Además este año no puedo faltar al acto del día 22 en el que le imponen la "Aceituna de plata" a mi hermano Paco, y en el que, siguiendo con el guión de estas mis "vacaciones gorronas", suele haber copa y comida gratis.

En fin, que ya que estoy por mi tierra espero encontrarme un día de estos, por las veredas entre los olivares, con Gordillo y Cañamero y su marcha jornalera que está recorriendo la zona. Espero que Juan Manuel me explique cómo lo hace para estar a la vez Marinaleda, en Sevilla, en Jaén y en La Noria de Tele 5. Uno sabía que Gordillo tenía bien aprendido el arte del marketing y la oportunidad para acaparar portadas, lo que ignoraba es que también tuviera el don de la ubicuidad. Ya le falta menos para convertirse en todo un icono de referencia progresista y revolucionaria como su admirado Che Guevara.

Continuará...  
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