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Los destronados reyes de la acera

Los destronados reyes de la acera

lunes 17 de septiembre de 2012, 07:59h
El ilustre  Fernando Fernán Gómez se convirtió en 1998   en  el primer actor que entraba a formar parte de la Real Academia Española de La Lengua. Pero, además de   un excelente actor y director de cine,  Fernán Gómez fue también un notable  novelista y autor teatral. Entre otras,  escribió  una  obra, "Las bicicletas son para el verano", Premio Nacional Lope de Vega en 1978 (adaptada al cine  años más tarde, en 1983, por Jaime Chávarri),  cuyo título me viene al pelo  para comentar algo acerca  de estas máquinas  tan simples como atractivas  pero que, hace algún tiempo, estaban ya  empezando  a  resultarme  antipáticas. Como es lógico  suponer, no por ellas mismas, sino por  el mal uso  que vienen haciendo  sus  usuarios,  a quienes  hemos dado en llamar ciclistas.

Lo dije  en estas mismas  páginas electrónicas  con rabia  contenida  y no exenta de  sarcasmo   en  un  artículo que titulé  "Zonas peatonales".

En él  argumentaba  la cada vez más difícil  convivencia pacífica entre peatones y ciclistas, incluso  en  aquellas zonas   llamadas  peatonales   en las que, a priori, el peatón es el rey... El rey, sí, pero destronado desde hace ya  demasiado tiempo y de forma ilegítima  por una verdadera  mesnada de ciclistas invasores.


Nuevo reglamento 

Parece que  el ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz,  va  a volver a poner  las cosas en su sitio. Hace  algún tiempo, ha avanzado que el nuevo Reglamento General de Circulación que prepara su departamento para finales de año limitará «como norma general» a los ciclistas circular por la acera, salvo aquellas que cuenten con un carril-bici.  Vamos a ver si es cierto y si la letra pequeña  del reglamento   saca  de verdad  -y mucho me temo, que  en este terreno la verdad  se alcanza a golpe de  sanción  económica- a los ciclistas   de   cualquier  lugar  que no sea  el carril-bici  o la calzada de  pueblos  y ciudades.

El anterior gobierno socialista, poco antes de su  sustitución por el  actual, manejaba  otro borrador   en el  que  mantenía la prioridad de los peatones sobre los ciclistas en las aceras, pero, al mismo tiempo, planteaba que las bicicletas pudieran circular por aceras de más de tres metros de ancho, a una distancia mínima de un metro de la fachada de los edificios y siempre y cuando la densidad de peatones lo permitiera. Demasiadas condiciones y difícilmente  comprobables  en la vida cotidiana porque  no se puede  estar  con un metro en el bolsillo, ni discutiendo con ciclistas del  nivel de concurrencia  de la acera en cada momento dado del día.

En fin, que   aguardamos  esperanzados  la aparición del nuevo reglamento de circulación  que ordene  justa   y equitativamente   los derechos al tránsito ordenado y pacífico de unos y de otros, y no   el abuso  permanente   de los ciclistas sobre los peatones.
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