Sí, amadísimos, globalizados, megaletileonorisofiados y cristineados niños y niñas que me leéis, la República Argentina, hija patria de la Madre Patria, tiene, desde el domingo, nueva presidenta. Cristina Kirchner (née Fernández) será la nueva inquilina en jefe de la bonaerense Casa Rosada (no confundir con aquella mansión de la calle Corrientes 348, segundo pis0o ascensor). Para ella, esposa del actual mandatario argentino, Néstor Kirchner, el futuro es del mismo color que la mansión presidencial que, hasta su toma de posesión, ocupa por su condición de “señora de”.
Ni que decir tiene que, desde Ségolène Royal hasta María Teresa Fernández de la Vega, las feministas con poder en Europa están contentísimas y con ganas de montarse un agasajo postinero con la crema de la intelectualidad. Una de las suyas accede a la más alta magistratura de su país. Madame Kirchner considera que Buenos Aires es la capital de la gloria, de su gloria.
Y, a todo esto, ¿quién demonios es Cristina Kirchner, née Fernández? ¿Cómo es ella? ¿A qué dedica el tiempo libre? Vayamos por partes, como dijo tío Arturo al repartir los intereses de aquellas discretas pero cuantiosas cuentas bancarias en Suiza. La nueva presidenta de la República Argentina es argentina. Seguro. Y, por si alguien lo había olvidado, es mujer. Hasta ahora senadora por el Partido Justicialista, o sea, peronista de id ustedes/vosotros a saber de qué observancia. ¿Peronista-leninista? ¿Peronista-liberal? ¿Peronista-derechista? ¿Ultraperonista? Dejémoslo en que, como muchísimos de sus compatriotas, Cristina Kirchner es peronista, una militancia política que no tiene parangón alguno en el resto del mundo mundial y parte del extranjero.
¿A qué dedica –o mejor, dedicaba--, su tiempo libre? Se supone que a las labores propias de su sexo, estado, condición y querencia. O sea, a ir de tiendas, por ejemplo. Que madame Kirchner se gasta pose de modelo madurita y de icono de elegancia porteña. Visto desde la óptica puramente estética, dado que Cristina Fernández de Kirchner es la segunda presidenta en la historia de la entrañable hija patria de la Madre Patria española. El honor de ser la primera le tocó a María Estela Martínez de Perón, conocida como Isabelita, a la que muchos de los descamisados (o sea, los miembros de las turbas peronistas) consideraban la receptora del espíritu inmortal de Evita –Eva Duarte de Perón-- (don’t cry for me, Argentina), aquella mediocre locutora de radio, de gran afición a las pieles y a las joyas, que allá por los años 40 y 50 del siglo pasado, era aclamada con gritos de “¡¡¡Con Perón y con Evita, la patria peronista!!!”. No creo, pequeñines/as míos/as, que ahora, en pleno siglo XXI, se vuelva a dar el caso de que las masas justicialistas (dice algunos conocidos míos que el justicialismo es a la Justicia lo que la música militar es a la Música...) salgan a la calle para gritar algo así como “¡¡¡Con Néstor y con Cristina, la patria peronista-sin-Perón!!!”.
Y, hablando del presidente saliente y esposo de la neopresidenta... ¿Qué ocurrirá con el buenazo de Néstor Kirchner, el de la visión estroboscópica? ¿Cuál será su papel institucional al cesar en la presidencia y dar el relevo a su esposa Cristina? ¿Se verá obligado a ser el perfecto amo de la Casa Rosada? ¿tendrá que llevar el día a día, controlando a edecanes, lacayos y mucamas de la mansión presidencial? Y, ¿en caso de visitas de Estado, deberá ser el encargado de atender a la esposa del mandatario visitante, ofreciéndole un té con pastas, la visita a un colegio y el recorrido por un museo? Interesantes cuestiones que sólo el paso del tiempo conseguirá aclarar.