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Amor desmedido por el langostino tigre

Amor desmedido por el langostino tigre

martes 17 de septiembre de 2013, 15:32h
Yo no sé a ustedes, pero a mí, donde se pongan un par de huevos fritos con patatas bien hechos, que se quiten las mariscadas. Y es que en estos e las corrupciones políticas siempre surge algún matiz gastronómico en forma de langosta, cigala, nécora o langostino que da colorido rojo-gamba a los rostros de los implicados. Desde aquella denuncia sobre los langostinos del Sena que martirizó al presidente Rodríguez de la Borbolla a principios de los años 90, la historia se repite una y otra vez. Se acordarán de aquella sonada mariscada que se zampó en Bruselas hace unos años el entonces concejal y teniente de alcalde de IULV-CA en el Ayuntamiento hispalense, Antonio Rodrigo Torrijos, pagada con fondos de Mercasevilla, y que dio la vuelta al mundo. Bueno pues la historia se repite una y otra vez. Detrás de todas y cada una de las corruptelas políticas de los de la "famélica legión" siempre hay una mariscada para celebrarla. Aquí no hay que decir, como afirmaba Alejandro Dumas aquello de "cherchez la femme", sino "cherchez el langostino trigre", que sobre él siempre encontraremos algún trincón. Ahora le ha tocado el turno al sindicato amigo, la UGT de Andalucía, que ha pagado con fondos destinados a los parados provenientes de la Junta más de dos mil euros de mariscos para una veintena de sus dirigentes. Ustedes dirán que, comparados con los casi mil millones de los EREs, dos mil euros son una gota en el océano, una absoluta nimiedad, pero no se crean, porque cien euros de mariscos por persona dan mucho de sí en El Puerto de Santa María o en Sanlúcar de Barrameda. De hecho, el pasado fin de semana, estuve con cuatro familiares cenando en Romerijo y nos pusimos de grana y oro por menos de ciento cincuenta euros los cinco. Eso sí como pagábamos de nuestros bolsillos, no elegimos las cigalas de tronco ni los percebes gallegos y nos conformamos con unas gambitas, unos langostnos, unas nécoras, unas cañaíllas y algo de mojama. Es la diferencia entre pagar a escote o tirar de la Visa Oro de la Junta. 

Pero vayamos a lo concreto. La magistrada de los EREs, no contenta con haber metido en el asunto a los ex presidentes Chaves y Griñán y a cinco ex consejeros, ha abierto una nueva línea de investigación, la quinta, para dilucidar las responsabilidades de UGT en la trama. Y es que desde que el ex dirigente ugetista Juan Lanzas saliera a relucir ya se veía venir que el sindicato amigo podria haber desviado fondos de los cursos de formación a otras partidas. De la mera sospecha se pasa a un estado superior, la investigación judicial y cuyas consecuencias están por dilucidar. Por lo pronto se van a investigar algunos abusos relativos a pagar con fondos de la Junta destinados a los parados, publicidad de la huelga general de septiembre de 2010, a pagar con fondos destinados a mujeres discriminadas los gastos de una asamblea de delegados ugetistas o la estancia de 89 delegados en el Congreso Confederal de la UGT de 2009 o las fiestas navideñas de sus dirigentes, todo ello, naturalmente, falsificando facturas. Si, como viene siendo habitual en sus instrucciones, Mercedes Alaya tira de la cuerda hasta el final, UGT se va a ver en problemas, y graves. Y que el otro sindicato, CC.OO., y la patronal CEA, no se despisten demasiado porque hay que estar atentos al clásico refrán que dice aquello de "cuando las barbas de tu vecino veas pelar..." Más le vale a la nueva presidenta de la Junta, Susana Díaz, que acaba de reunirse con sindicatos y empresarios para renovar los acuerdos de Concertación de Griñán, que se ande con tiento porque puede que quede aún mucha mierda por salir de esos mismos acuerdos firmados por su predecesor y padrino.

Me da a mí que a Alaya le queda aún un largo camino por recorrer en la instrucción de los EREs por mas que el PSOE y algunas altas instancias judiciales le metan prisa. Mientras tantos nuestra confianza en los políticos está bajo mínimos, nuestra confianza en las fuerzas sindicales está cayendo a los mismos niveles. ¿Qué nos queda de las instituciones en las que criamos? Como esto continúe así, me parece que sólo vamos a confiar en la leyenda del langostino tigre. Ese, casi nunca nos defrauda.
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