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¿Qué preguntar en la Consulta?

¿Qué preguntar en la Consulta?

martes 12 de noviembre de 2013, 21:08h
Los únicos creíbles son los que piden la independencia y los que se oponen a ella. Los demás son malabaristas de las palabras. Los angañabobos.

Los favorables a la independencia de Catalunya y los sontrarios a ella, juegan limpio. Dicen las cosas por su nombre. Los otros juegan con la gente. Dicen lo que no piensan o piensan lo que no dicen. 

Y así, el circo continúa. Prensa, radio y televisión no hablan de otra cosa. Y la opinión pública anda más confusa y perdida que nunca. Los que debieran orientarla, no hacen más que distraerla de los problemas reales y confundirla. 

Les hablan del "derecho a decidir", del "derecho a votar" , del "necesario referéndum", de la "ineludible consulta", pero no saben, ni se ponen de acuerdo,  sobre qué "decidir", "votar", "referendar" o "consultar". Solo lo tienen claro, según parece, los independentistas y los antiindependentistas."

Lo de "decidir", "votar", "referéndum" y "consulta" nació del deseo y voluntad de independencia.  Por esto los defensores y detractores lo tienen claro. Los demás se han subido al carro de esta movida, por oportunismo, a golpe de manifestaciones multitudinarias y ambiguas, que han visto como una marea que se lo lleva todo por delante.

Llagado el momento de concretar, todo son discrepancias, palabras vacías o de doble o múltiple sentido. No saben como compaginar deseo con oportunismo, Ilusionismo con realismo. Posibilidad real con virtual. Estamos en democracia -más o menos imperfecta o inacabada- , pero en un sistema democrático de derecho que costó muchísimo conseguir, y que habrá que perfeccionar y acomodar a los cambios sociales. Pero no se puede echar por la borda.

Invocar legitimidades es lícito y razonable. Pero hay muchas legitimidades. El marco constitucional debe incluir el máximo número posible de ellas, pues todas son respetables. Pero en un estado democrático de derecho, la primera legitimidad es la establecida por la voluntad popular de forma legal y democrática. Hay que tenerla en cuenta, aunque sea  para modificarla o cambiarla en su formulación político-jurídica.

De aquí el enrevesado problema de formular la "pregunta" para la famosa "consulta".

Si la consulta -sobre la opinión, deseo o voluntad- se plantea entre independència o no independencia, el simple hecho de formular esta disyuntiva, es decir, de considerar la independencia como una posibilidad real, ¿no supone admitir de hecho el carácter soberano del pueblo catalán, como ya se  proclamó en la Declaración del Parlament, recurrida precisamente ante el Constitucional?

Una pregunta así, difícilmente podría no ser también recurrida, pues admite, implícitamente, la hipótesis de la secesión de Catalunya, contraria a la letra y al espíritu de la Constitución, que -guste o no- consagra como indiscutible la "unidad" y "soberania" nacional de España.

Por tanto, mientras no se reforme la vigente Constitución este tipo de pregunta no podrá prosperar, ni por el artículo 92 ni por el 150.2, ni ninguno, por mucho que se venda como viable. Y seguramente tampoco, gobierne quien gobierne, en el caso de una hipotética modificación del texto constitucional, ya que este punto de la "unidad y la soberania"  siempre será considerado esencial. Contra esta postura, no cabria más que la incierta rebelión. ¿Quién la quiere?
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