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La nueva princesa de Éboli

La nueva princesa de Éboli

miércoles 27 de noviembre de 2013, 07:56h
Dice un conocido refrán español que "en el país de los ciegos, el tuerto es rey" y en las actuales circunstancias políticas que atravesamos no deja de asombrarme como se cumple esta máxima popular a rajatabla. Basta mirar a las direcciones de casi todos los partidos que conforman el espectro político español, desde el PP al PSOE pasando por IU, CiU, ERC, UPyD, el BNG o Coalición Canaria, para darse cuenta de ello. Salvando alguna escasa excepción casi ninguna de las cabezas dirigentes de estas formaciones se puede considerar un estadista de gran valía, ni tan siquiera una mente privilegiada. A lo sumo los Rajoy, Rubalcaba, Cayo Lara, Artur Mas, Rosa Díez y compañía no son sino males menores, frutos lógicos y pasajeros de la mediocridad imperante, esos tuertos a los que aludía el refrán, a quienes suelen rodear como una guardia de corps el resto de los ciegos que sólo sirven para aplaudir y jalear al lider como si fuera Demóstenes o Churchil. Con estos mimbres no es de extrañar que los españoles estemos cada día más desencantados con una clase, la política, que mantiene unos privilegios excesivos y que en muy raras ocasiones encuentra soluciones a los graves problemas que afectan a los ciudadanos.

Sentada esta premisa y aunque ya cansa una hartá escribir y oir hablar en todos los foros de la gran Susana Díaz y de sus intervenciones, no quería dejar pasar la ocasión para aplicarle el citado refrán a la estrella fulgurante de la política andaluza. Susana acaba de asumir el liderazgo de un partido que en Andalucía también refleja la mediocridad que le afecta en el resto del Estado. Un partido clave para la democracia española que no encuentra personas capaces de liderar una supuesta renovación ni en las ideas ni en los proyectos y que no hace mas que darle vueltas a la pamplna de si tiene que escorarse hacia la izquierda para dejar de perder votos o aferrarse al centro para mantener esos apoyos que le permitieron a Zapatero ganar las elecciones. Los socialistas ciegos estaban en esto cuando, de pronto, casi sin quererlo, el presidente del PSOE, Pepe Griñán, les presentó a su sucesora digital, casi desconocida hasta entonces, huérfana de logros políticos y profesionales, amamantada en las ubres del partido del puño y la rosa y encumbrada por un golpe de efecto y por causa de los EREs fraudulentos a la Presidencia de la Junta de Andalucía. Y, así, casi sin darnos cuenta, la niña de Triana ahijada de Griñán se convirtió de la noche a la mañana, tras un desayuno en el Ritz y un discurso en la Conferencia Política en el que no aportó nada nuevo, en la estrella que más brilla en el firmamento político español, tanto que alguno de sus compañeros de partido ha llegado a compararla nada más y nada menos que con el ex presidente John Fitzgerald Kennedy. El new deal, que decían en los años 60. Y es que ya se sabe que en esto de las comparaciones algunos socialistas se pasan tres pueblos. Baste recordar lo que dijo una de sus ministras sobre Zapatero como lider mundial y la conjunción astral con Obama.

Puestos a comparar a Susana Díaz con alguien, yo lo haría con la Princesa de Éboli y no porque sea la tuerta en el partido de los ciegos, sino por el maquiavelismo que ha empleado para acceder al actual poder omnímodo en la Administración andaluza y en el PSOE andaluz. Ana Mendoza de la Cerda, Princesa de Ëboli, nacida en Guadalajara en 1540 y muerta en Pastrana en 1592, fue una aristócrata española posible amante de Felipe II y de su secretario Antonio Pérez e íntima amiga de la reina Isabel de Valois, quien dedicó buena parte de su vida a intrigar y conspirar en la Corte para conseguir sus propositos que le reportaron pingües beneficios. Salvando las distancias, Susana a arribado a la cúpula del PSOE como una nueva Princesa de Ëboli, amiga de Pepe Griñán, después de haber cercenado de raíz cualquier tipo de oposición. Ya veremos en qué queda tan fulgurante ascenso. Habría que recordar que Ana Mendoza murió encerrada en la fortaleza de Santorcaz por órden de Felipe II. Esperemos que esta nueva tuerta en el país de los ciegos no acabe de la misma forma.  
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