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La constante e implacable 'gota M. Alaya'

La constante e implacable "gota M. Alaya"

sábado 07 de diciembre de 2013, 09:43h
Es que no para. Yo me sé de alguna Susana que teme levantarse cada mañana y encontrarse con la sorpresa en el SMS de su móvil o en twiter de un nuevo auto de la juez Mercedes Alaya imputando a algún compañero o compañera más por el turbio asunto de los EREs fraudulentos y rogándole a su Esperanza de Triana que no sea algún miembro de su Ejecutivo. Y es que los tiene fritos. Sometidos a un tormento chino semejante a aquel de la gota de agua constante e implacable sobre la cabeza del sentenciado hasta que lo vuelve loco y que es conocido como "la gota malaya". Doña Mercedes ha acabado con la instrucción del fraude con los suelos de Mercasevilla y dirige ahora sus pasos hacia la cabeza de la pirámide en los EREs. Algunos, convencidos de que la jueza estaba guiada por alguna motivación de tipo político, creian que huyendo a Madrid se iban a librar del acoso. Se fue el presidente Chaves y le siguió su sucesor, Pepe Griñán, se fueron los consejeros Carmen Martínez Aguayo, Antonio Ávila, Manuel Recio, José Antonio Viera y Francisco Vallejo, y Susana Díaz, la gloriosa heredera, dijo aquello de "muerto el perro, se acabó la rabia" y añadió "aquí paz y después gloria". Ilusa ella. Ni paz ni perros. Aquí todo sigue igual, o peor, con trescientos mil folios de instrucción, con más de ciento cincuenta imputados y con un nuevo apartado que incluye la falsificación de facturas del sindicato hermano, la UGT.

Aunque estemos en pleno "puente de la Inmaculada" y las entrañables estén a la vuelta de la esquina con su pegajosa paz y felicidad, me da a mí que la "gota M.Alaya" va a seguir golpeando sistemáticamente sobre la cabeza de algunos socialistas que tienen aún mucho que esconder y puede amargarle las fiestas. Y de rebote le puede provocar a la "estrella" de Susana más de una cefalea que ponga las cosas en su sitio después de que, sin haber demostrado nada de nada, sin haber cumplido ni una de sus repetidas promesas de regeneración y cambio, se haya convertido en la gran esperanza socialista, en la nueva "zapatera prodigiosa" que les va a sacar del ostracismo actual. Aviados estamos. Ya dice el refrán que "más vale malo conocico que Susana por conocer".

Por lo pronto, parece que Alaya va a dar vía libre para que el Tribunal Supremo juzgue a los dos ex presidentes de la Junta y a los cinco consejeros antes citados. Ya saben que les preimputó sin imputarles en mismo día en que Susana tomaba posesión en Sevilla de la Presidencia de la Junta, a espensas de aclarar si estaban o no aforados. Ahora acaba de solicitar tanto al Congreso como al Parlamento andaluz que certifiquen la condición de aforados de todos ellos, a la vez que le pide a la Guardia Civil que le informe de sus domicilios. Da la impresión que, finalmente, Alaya va a dar su brazo a torcer y dejará que sea el Supremo o el Tribunal Superior de Justicia de Andalucía, quien se encargue de decidir si está cúpula de la pirámide de la corrupción, como ella misma la llamó en su momento, debe ser juzgada o no en el mastodóntico caso de los EREs fraudulentos. Era lo que muchos habíamos anunciado hace tiempo y lo que buena parte de los abogados defensores, y hasta la acusación particular de la Junta, estaban deseando que ocurriera lo antes posible.

¿Y ahora, qué?, se preguntarán ustedes. Pues va a depender de lo que decidan estos dos altos tribunales una vez oídas las explicaciones que les dé Alaya sobre su imputación y acusacones. Yo apostaría porque todos ellos -expresidentes y exconsejeros- se van a ir de rositas, aunque nunca se sabe qué puede pasar con la Justicia cuya independencia y fiabilidad no atraviesa sus mejores momentos. Ya veremos si, después de tres años de instrucción, despues de muchas noches en vela, después de acarrear maletas cargadas de papeles por el Prado de San Sebastián, después de soportar presiones y bulos, y después de aguantar escraches e insultos de sindicalistas. Alaya ve como se le escapan entre los dedos como peces en el agua los que dirigieron la politica andaluza durante los diez años en los que los EREs falsos camparon a sus anchas por todo el territorio dilapidando cientos de millones del erario público de Andalucía. Y es que ya se sabe que el peor enemigo que puede tener la gota malaya es que la sequía de la Justicia la deje sin agua.
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