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Defensa iberoamericana

La celebración de la XVII Cumbre Iberoamericana de Jefes de Estado y de Gobierno, en la ciudad de Santiago de Chile, es una ocasión propicia para mencionar un ámbito poco desarrollado de la, a su vez, escasamente desarrollada Comunidad Iberoamericana de Naciones. Me refiero a la cooperación en materia de Seguridad y Defensa, asunto central tanto para superar los recelos fronterizos como para avanzar decididamente en una identidad común iberoamericana.

En América Latina el ámbito de la seguridad y defensa está subordinado históricamente a la estrategia diseñada en Washington, marcada, en las últimas dos décadas, por cierto desentendimiento tras la desaparición del peligro de influencia comunista en la región y la implicación en la llamada “guerra global contra el terrorismo internacional”. Sin embargo, las tensiones y los factores desencadenantes de una fuerte inestabilidad en el subcontinente no han dejado de aumentar en estos años. El deterioro de las condiciones de vida, el impacto del negocio de la droga, los focos de insurgencia, los desplazamientos masivos de la población, el aumento muy significativo de la inseguridad en las ciudades, la insuficiencia de suministros, la consolidación de la corrupción institucional, las profundas desigualdades sociales, la insolidaridad de las minorías nacionales acaudaladas, el ascenso del liderazgo político populista, y cuantas otras circunstancias generadoras de inseguridad e inestabilidad puedan citarse. Una situación tan explosiva como la descrita requiere, además de medidas urgentes de desarrollo regional, un modelo propio de seguridad.

Iberoamérica, como comunidad de naciones con sólidas afinidades históricas, puede servir como marco institucional para consolidar un espacio común de seguridad y defensa de una manera similar a como ya lo está haciendo en otros ámbitos políticos, económicos y sociales. España y Portugal, por su relevancia histórica en América, tienen una especial responsabilidad en liderar el proceso de integración, consiguiendo la implicación, por el beneficio mutuo, de los grandes países latinoamericanos: Brasil, México, Argentina, Chile, Colombia, Perú y Venezuela.

En comparación con otras comunidades históricas -como la inglesa "commonwealth" o la francesa "francophonie"- la región iberoamericana presenta evidentes ventajas: continuidad geográfica en América y península Ibérica, cohesión língüística y cultural hispano-lusa, mayor equilibrio entre los Estados miembros. La cooperación de Defensa iberoamericana debe trascender las relaciones bilaterales y situarse en un marco colectivo que permita una asociación política y de seguridad entre ambos espacios para desarrollar una agenda común que facilite una posición estratégica de la región en la comunidad internacional. La integración institucional de Defensa permitiría también una interlocución colectiva única con Estados Unidos, la Unión Europea y Naciones Unidas.

No se ocultan las dificultades existentes para desarrollar el proyecto de vincular regiones con muy diversos grados de desarrollo y con procesos de concertación política distintos en marcha. La vinculación entre ambas zonas presenta de entrada la dificultad institucional de que en América Latina no existe un interlocutor único similar a la Unión Europea, sino un espacio comprensivo de realidades diversas, con pocos elementos de coordinación entre los distintos países y un insuficiente grando de institucionalización. Sin embargo, la voluntad política y la afinidad cultural existentes de hecho entre ambos continentes –en particular con la península Ibérica– pueden superar todos los obstáculos para ir creando un espacio colectivo sólido. España deberían tomar la iniciativa declarando a Iberoamérica como su prioridad de política exterior superando así la retórica de las declaraciones vacías de contenido y el marco de las meras relaciones bilaterales entre Estados.

En América Latina no existe un proceso de integración regional, sino distintos procesos subregionales de creación de espacios económicos. Los mecanismos de integración política y social acordados en los diferentes Tratados se encuentran insuficientemente desarrollados. En materia de seguridad y defensa, a parte de los órganos establecidos en el seno de la OEA –cuya eficacia ha sido nula cuando ha llegado el momento de su aplicación, caso de la guerra de las Malvinas o las crisis en Centroamérica–, no existen organismos propios latinoamericanos. La participación de España y Portugal, como referentes históricos, podrían disminuir también los recelos mutuos de los países latinoamericanos.

Los contactos realizados entre los países miembros de la Comunidad Iberoamericana de Naciones, desde la institucionalización de las cumbres de Jefes de Estado y de gobierno en 1991, no ha cristalizado en una organización plena, aunque se cuenta ya con una Secretaría Iberoamericana permanente. Las iniciativas que en algún momento llegaron a plantearse, como la creación de una Fuerza Iberoamericana de Paz para participar en misiones internacionales bajo mandato de Naciones Unidas, no pasaron de la fase de proyecto. Existe, por tanto, un campo libre para que se lleguen a concretar instituciones y medidas en este ámbito.

La España del momento actual, por su importancia económica, influencia histórica y "puente natural" entre ambos continentes puede promover en América los principios fundadores de la Unión Europea en relación con los derechos humanos, la democracia, el buen gobierno, la transparencia y el Estado de Derecho. En una eventual carta iberoamericana se establecerían mecanismos de diálogo político para alcanzar un consejo de seguridad regional, encargado de discutir asuntos de interés general: mantenimiento de la Paz y seguridad internacionales; control de armamentos, incluidas las armas de pequeño calibre; desarme y no proliferación nuclear; cooperación militar y técnica en armamento y material, con control de exportaciones; seguridad, desarrollo y mediambiente regional.

El objetivo de una integración iberoamericana de Defensa debería comenzar con acciones decididas en las siguientes áreas: Formación de una Fuerza Iberoamericana para participar en misiones internacionales de acuerdo con los mandatos de la ONU; Constitución de misiones multinacionales de cooperación de Defensa en los países iberoamericanos donde se requiera realizar labores técnicas y docentes de apoyo a las respectivas Fuerzas Armadas; Equipos multidisciplinares de seguimiento y mediación en conflictos; Refuerzo de los intercambios de personal militar entre los países iberoamericanos mediante un programa regional intercontinental; Creación de estudios militares iberoamericanos con distintas sedes en Europa y América; y Proceso de armonización de sistemas de armas y control de armamento en la región.
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