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Siempre le llamé Presidente

Siempre le llamé Presidente

viernes 21 de marzo de 2014, 21:45h
Adolfo Suárez ha sido un buen presidente, un gran político y una magnífica persona. Con la ayuda del Rey y de Torcuato Fernández Miranda fue capaz de desmontar la estructura institucional del franquismo. Se supo granjear la confianza de los principales líderes de la oposición democrática y con su ayuda pudo llevar a cabo la transición.

Fundó la UCD y muchísimos de sus correligionarios le pusieron múltiples zancadillas. Raro era el día en que alguien de su partido... que si había estudiado en el Pilar, en los Areneros, en el Estudio o en el Liceo no le ponían un palo entre las ruedas. Otros días se los ponían los que tenían apellidos compuestos, eran del barrio de Salamanca o habían sacado una oposición de algún alto cuerpo del Estado.

No aguantaban que un chico de Cebreros, un pueblo de Ávila, fuera el más listo de la clase con solo un título de abogado.

Muchas veces he pensado en el paralelismo de esa actitud de la "inteligencia" madrileña con lo que ocurrió durante algún tiempo después de que Felipe González saliera como Secretario General en Suresnes. Lo que le costó a la "inteligencia" socialista madrileña aceptar el liderazgo de los sevillanos.

Como muchos otros antifranquistas desconfié de Suárez, reconocí sus aciertos y finalmente me convencí de que era un gran político. La escena del 23-F defendiendo a Gutiérrez Mellado acrecentó mi admiración por él.

Hasta el año 82 no lo conocí personalmente y sólo supe de él por los medios de comunicación y por los comentarios siempre positivos que de él hacía Felipe González.

Siempre me dirigí a él llamándole Presidente y él siempre fue atento y entrañable al saludar a un don nadie como era yo.

Quiero contar una anécdota que sucedió a bordo del avión que llevaba a la delegación española a la toma de posesión del Presidente uruguayo Sanguinetti.

Felipe González había decidido que, como muestra de apoyo a la salida de la dictadura militar uruguaya y de apoyo a la democracia de aquel país hermano, quería que en la delegación hubiera representantes de los que habían hecho posible la transición en nuestro país y, entre otros, se incluyó en la delegación al Presidente Suárez y al teniente general Gutiérrez Mellado.

En la delegación iban ministros y el JUJEM o JEJEM, es decir, el jefe de los militares que entonces era un general de aviación. Grande fue nuestra sorpresa al ver que el JUJEM no saludo ni a Suárez ni a Gutiérrez Mellado.

En ese vuelo jugué la partida de mus mas "glamourosa" de mi vida. El Presidente Suárez y el general Gutierrez Mellado contra Sancho Gracia y el que esto escribe. Nos ganaron.

Años más tarde, yo intentaba aprender a jugar al golf, nunca lo conseguí. Un día en el golf de Somosaguas me encontré al Presidente Suárez y pese a que le juré que era malísimo insistió en que jugáramos nueve hoyos. Tuvo la paciencia de aguantarme todo el recorrido.

Sirvan estas líneas como mi homenaje a alguien que por desgracia me temo que será irrepetible.
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