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Caza y captura de la lideresa

Caza y captura de la lideresa

martes 23 de septiembre de 2014, 15:23h
Penita que el director de cine Daniel Monzón, es un suponer, no sacara las cámaras  a la calle el día de autos. Con su realización y a toda pantalla resultarían trepidantes e impactantes las imágenes  de la lideresa conduciendo en plena huida por  la Gran Vía de Madrid, con los coches patrulla de los municipales  pegados al paragolpes trasero de su Toyota,  y las lucecitas azules brillando intermitentes en el techo del vehículo policial mientras sonaban las sirenas. 

Nada que envidiar a  las espectaculares  imágenes del mismo director con el helicóptero de la policía casi peinando a El Niño mientras rugían los motores de su lancha cargada de cocaína surcando a toda pastilla  las aguas gibraltareñas. Desde luego que la película de la prófuga Esperanza Aguirre convertida en un peligro para la seguridad vial no sería tan taquillera como las de la peli de Luis Tosar y el niño guaperas pero, morbo aparte, podría venirle bien al titular del juzgado de Instrucción número 14, Carlos Valle, para saber cómo enjuiciar a la lideresa. Y valdría para que el personal madrileño llegara a conclusión de que quien trata con semejante desprecio a la Policía Municipal nunca debería llegar a ser su jefa como alcaldesa. 

La pobre calidad de las imágenes de la cámara fija en la calle y las contradicciones continuas de la encausada pueden aún estimular a un montón de irredentos multados por la calle de Madrid, convencidos de que "¡esta tía sí que tiene un par...!" o de que "¡Ya era hora de que alguien plante cara a esos chulos prepotentes!". Respetemos a la justicia en sus decisiones. Pero a poco que quede en "bronquita y multita", como ella les espetó a los municipales, la expresidenta de la comunidad de Madrid saldrá políticamente de rositas y poco mermarán sus posibilidades de ser candidata y, quien sabe, si vencedora en las elecciones municipales de la capital. Y es que ella tiene su público y así se lo dicen las encuestas a un PP desesperado ante el desastre de gestión realizada por Ana Botella, convencida ahora, al parecer, en dejar un Madrid peatonal total en su testamento político. 

Aunque la mayor responsabilidad de la hegemonía electoral del PP en Madrid, aun en los peores momentos, la tiene la izquierda capitalina. Su estulticia política, las continuas peleas internas utilizando la ciudad como un juguete, los cambios permanentes en los candidatos, presentando cada vez uno peor que el anterior, han  condenado a Madrid a no tener una alternativa progresista desde hace 28 años, que se dice pronto, que es el tiempo que hace que murió Enrique Tierno Galván. Los madrileños  no se merecen a la ensoberbecida Esperanza Aguirre como alcaldesa pero tampoco a  la izquierda tan inútil que padecemos va ya para tres décadas.
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