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Cuando la experiencia es más que un grado

Cuando la experiencia es más que un grado

sábado 20 de diciembre de 2014, 12:35h
He de reconocer que he tenido bastante suerte en la vida, tanto en mi trabajo donde he encontrado compañeros y amigos de enorme valía, mejorando lo presente, como en mi matrimonio al compartir los últimos treinta y cinco años con una mujer, Leles, que además de belleza y atractivo, goza de una inteligencia poco común y una forma de ver la vida que contrasta bastante con mi acendrado pesimismo vital. Gracias a ella he conseguido superar duros golpes y situaciones límites que, sin su apoyo y su alegría, podrían haberme sumido en un profundo pozo depresivo. El otro día, viendo un programa de televisión, se hacía una pregunta "¿Tú te has dado cuenta, me decía, que en cualquier país europeo desarrollado o en Estados Unidos todas las grandes figuras de la comunicación, de la cultura o de la política, todos los popes de la economía superan los sesenta años? Ese respeto y consideración por el grado que da la experiencia es considerado en España como una rémora. Aquí cualquiera que supere los sesenta años se le considera un carcamal que sólo sirve para jugar al dominó o la petanca, viajar con el Inserso o, en el peor de los casos, cuidar a tiempo total de sus nietos a todas las horas del día." Como siempre, no le falta razón.

Estas "entrañables" fiestas en las que se suceden ininterrumpidamente las comidas y las cenas con amigos y ex compañeros de trabajo, raro es el día en el que uno no se topa, en los sitios menos pensados, con algún grupo de antiguos conocidos. El otro día nos reunimos un grupo a comer en un club relacionado con el Betis. Como el local, famoso por su buena relación calidad/precio estaba abarrotado, mientras esperábamos que nos asignaran la mesa nos topamos en la barra con otros comensales a alguno de los cuales hacía años que no veía. Se trataba de una reunión de antiguos políticos socialistas muchos de los cuales ostentaron hace varias décadas los más altos cargos tanto en el partido como en la Junta, Allí estaban, entre otros, el expresidente de la Junta José Rodríguez de la Borbolla, el ex presidente del Parlamento, Antonio Ojeda, el exsecretario de Estado, Luis Yáñez, los ex consejeros Guillermo Gutiérrez y Evangelina Naranjo, el ex concejal del Ayuntamiento hispalense, Curro Rodríguez, y alguno más. Según me contaban, formaban un grupo que había revitalizado una antigua fundación que fue "tapadera" del PSOE durante los años de la clandestinidad para discutir ideas, contrastar opiniones y aportar, como apuntaba Guillermo, "cualés fueron nuestros aciertos y nuestros errores, que fueron muchos, con el fin de que los que están ahora no los vuelvan a cometer". Se reunían a comer una vez al mes y comentaban la actualidad defendiendo diversos puntos de vista.

La cuestión, y así se lo hice saber, es ¿pero os hacen caso a vuestros consejos? ¿Susana y sus muchachos de este nuevo PSOE se dejan aconsejar por la vieja guardia que luchó contra la dictadura franquista y volvió a crear vuestro partido de la nada? ¿no os consideran unos viejos gagá que estais fuera de onda? Guillermo no contestó, prefirió callar, pero me dio a antender que quien calla otorga. Es una pena pero es la pura realidad. Los actuales y jóvenes líderes del PSOE, o del PP o de IULV-CA o de cualquier partido del amplio espectro nacional, se creen por encima de cualquier viejo a los que poco a poco han ido arrinconando en los Comités Directores para darles puestos de eméritos, pero calladitos que están más guapos.

No sé si será porque uno ha superado ya la barrera de los sesenta, pero considero una barbaridad que muchos de estos personajes que han representado a las más altas instituciones de nuestra comunidad, se encuentren totalmente olvidados por la actual clase dirigente a la que le queda muchísimo por aprender. Desde las culturas más antiguas, los llamados "consejos de ancianos" eran los que dirigían la vida en común de los pueblos. Ahora, los no tan ancianos e incluso aquellos que aún son relativamente jóvenes son apartados de las direcciones como si estuviesen apestados. ¿Habrá que volver a recordar la historia para que ésta no se repita o nos pondremos en manos de esas nuevas generaciones que vuelven a abrir viejas heridas guerricivilistas? Dejo la pregunta en el aire para que ustedes la mediten.
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