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Europa mira con inquietud el proceso electoral español

Europa mira con inquietud el proceso electoral español

> Los inciertos resultados de las encuestas desconciertan en la UE

domingo 15 de febrero de 2015, 11:14h
Toda Europa está pendiente de las muchas elecciones que vienen en España, como lo estuvo en el caso de Grecia. Lo saben bien en el Gobierno y también lo constatan las diferentes fuerzas de oposición. En La Moncloa analizan con lupa lo que sobre nuestro país se dice en los principales medios de comunicación y se llega, al parecer, a una conclusión inquietante: hay poca confianza en España, y esa escasa confianza viene precisamente de la incertidumbre acerca de lo que ocurrirá en estos procesos electorales.
Todos, empezando por el PP, dan por descontado que, pese a todo -especialmente, pese a la buena campaña que hace el candidato 'popular' Moreno Bonilla--, en Andalucía ganará el 22 de marzo el PSOE de Susana Díaz, y que logrará formar gobierno de una u otra forma, pero probablemente nunca con Podemos. Algunas fuentes creen que no puede cerrarse la puerta a un gran pacto por la regeneración y la recuperación económica con el PP, que ya lo ha venido ofreciendo tímidamente. Sería un nuevo varapalo a esa tajante negativa de Pedro Sánchez a pactar 'con la derecha'; pero ya se sabe que hay un PSOE por encima de Despeñaperros y otro por debajo. Y que, en todo caso, es bastante posible que la gran coalición acabe, allá por enero de 2016, siendo una salida a tanto equilibrio precario. Al tiempo.


Luego está el listón, tremendo tanto para Sánchez como para Rajoy, del 24 de mayo. Las elecciones autonómicas y municipales van a dar resultados variopintos, inesperados en puntos cruciales -la Comunidad valenciana, Madrid, algunas capitales andaluzas, donde el PP podría perder su hegemonía--: como siempre ocurre en este tipo de elecciones, todos reclamarán haber ganado, ya sea en alcaldías, en concejalías, en votos o en las ciudades más importantes. Por eso mismo, lo que ocurra en Madrid será la clave, y lo va a ser tanto que el secretario general del PSOE se arriesgó a dar el golpe de timón que propició la violenta salida de Tomás Gómez de la candidatura a la presidencia de la Comunidad de Madrid para ser sustituido por una figura seria, quizá con poco carisma pero con fama de honradez y de rigor intelectual, como Ángel Gabilondo.


Un buen 'ticket' el de Gabilondo con el aspirante a la alcaldía, el mediático Antonio Miguel Carmona, y eso lo saben bien en el PP, donde las encuestas rugen como leones hambrientos de votos: a Rajoy le quedan apenas horas para desvelar quién diablos será el candidato madrileño a la presidencia de la Comunidad -lo será casi con seguridad el actual inquilino de la Puerta del Sol, Ignacio González, que no acaba de convencer en la sede de Génova, pero no hay más, al parecer--. Y, sobre todo, quién encabezará el cartel para ganar el ayuntamiento más emblemático de España, del que se dice, con razón, que tiene más poder y presupuesto que tres o cuatro ministerios juntos. Dicen sus cercanos que Esperanza Aguirre acaricia ya la nominación.


A juicio de muchos en el PP, sería un error: no da imagen de renovación y no ha explicado aún por qué abandonó, en su día, la presidencia de la Comunidad. No se lleva, ni se llevará, bien con Rajoy, ni con Soraya Sáenz de Santamaría, a la que algunos aún tratan de convencer para que acepte esta nominación. En todo caso, la designación digital de Mariano --el presidente todavía anima la ficción de que hay un comité electoral que decide de manera independiente-- , supone que habrá notición seguro. Porque no hablamos de Madrid, sino de la imagen ganadora o perdedora en la principal batalla municipal y autonómica: Rajoy o Sánchez. Ganar dará alas a cualquiera de los dos de cara a las generales de noviembre o diciembre. Perder...para Sánchez sería un duro golpe. Para Rajoy, quizá menos, pero también, aunque nadie se plantea su relevo a corto plazo, por más que su popularidad personal en las encuestas siga siendo desesperantemente baja. 


Está, por tanto, todo abierto -y ni siquiera hemos citado esas hipotéticas elecciones catalanas convocadas por Mas con ocho meses de antelación-y así lo constatan los analistas más agudos en toda Europa. Rajoy representa una concepción de la UE, siempre fiel a los dictados alemanes. Sánchez aún debe definir, más allá de sus patadas en las espinillas de Juncker, con quién se quiere alinear. Lo de Podemos, más que saberlo, lo adivinamos: ese, y el catalán, es precisamente el factor que más inquietudes provoca, al parecer, por encima de los Pirineos, donde, por cierto, no faltan motivos de aprensión con las tendencias electorales en otros países. Y ese es precisamente el discurso que, en opinión de no pocos, viene faltando en los más bien romos debates preelectorales de fin de semana por toda España: la vista puesta en Europa, que puede ser la salvación o la perdición. Algo de esto oiremos, en todo caso, el próximo sábado, cuando los líderes socialistas europeos se congreguen en Madrid para dar a Pedro Sánchez un apoyo que necesita casi desesperadamente.
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