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Las mujeres que escriben también son peligrosas

Las mujeres que escriben también son peligrosas

lunes 26 de noviembre de 2007, 21:30h
Actualizado: 28 de noviembre de 2007, 10:22h
Acepto de buen grado las críticas. Me someto a partir de ahora al juicio de los lectores y de la crítica. Incluso a las que no han sido benevolentes conmigo”. Estas son las palabras con las que la chica de moda, Elisa Beni, esposa del juez más mediático del momento, Gómez Bermúdez (con permiso de Garzón) comenzaba su discurso en el acto de presentación de su libro La soledad del juzgador (ed. Temas de Hoy).
Pues bien, yo, que soy muy obediente me pongo a ello. Es decir a criticar. Pero no su obra. Eso ya lo hacen periodistas más avezados que yo en esto de la política.

A Elisa Beni la conocí hace unos años en Diario 16 cuando ella era jefa de sección de Madrid y yo iniciaba mis pasitos en esto del periodismo. Y he de decir que apenas ha cambiado. De aspecto, cero. Y es normal. Ya por entonces compaginaba su labor de jefa, jefísima con la ardua tarea de ir cada día dos o tres horas al gimnasio. Daba igual que se quemara la Asamblea de Madrid. Ella tenía que estar en forma.

Recuerdo también la cara de alucine de los redactores cuando llegaban convocatorias de prensa que ella miraba de arriba abajo para tirarlas a la basura. “Esto no es importante”, sentenciaba, y pasábamos a otro tema. Al día siguiente Diario 16 abría la sección de Madrid a su bola, es decir, a la bola de Elisa Beni que, por supuesto, no daba una. Pero ya por entonces se le notaba cómo le ponía lo judicial. Tanto es así que su mesa estaba llena de marcos de fotos de un señor calvo con puñetas. ¿Lo adivinan, verdad? Claro, era su entonces novio, ahora marido, el juez Gómez Bermúdez.

Dos cosas nos quedaron muy claras de su mandato. Que su novio era juez y que lo que sucedía en los juzgados de Madrid era lo que abría la sección de Madrid, fuese o no noticia.

Desconozco cómo, por qué y a través de quién llegó a la redacción, como también desconozco por qué se fue. Sí sé que fue un alivio para muchos que dejaron con su marcha de recibir gritos a cualquier hora del día. Bueno, a cualquier hora no, las tres o cuatro del gimnasio al mediodía permanecían inalterables. Y el mes que se cogió a la vuelta de sus vacaciones para ir a Argentina a hacer no sé que reportaje fue otro alivio para sus subalternos. No volví a saber de ella hasta que llegó la prepublicación de su libro. Su único libro en solitario.

Hay un libro malicioso que lleva por título, Las mujeres que escriben también son peligrosas y Elisa (Beni para los amigos), debe de serlo, y mucho, a tenor de todas las páginas que la publicación de su libro está llenando. La tertulia que escuché en la radio del taxi mientras me dirigía a la presentación mostraba también a tertulianos encendidos. De repente Madrid ya no estaba lleno de lucecitas de navidad, sino de Elisa Beni por todas partes. Es curioso. ¿Si ella hubiera continuado siendo jefa de sección de Madrid, qué noticia hubiera puesto como principal?

El acto estaba lleno…de gente anónima. Ni un juez, ni un fiscal, apenas periodistas de estos que salen en las tertulias, sólo Isabel San Sebastián, Carmen Gurruchaga y Ernesto Ekaizer (sospecho que éste último no del mismo bando que las dos primeras, aunque nunca se sabe) y la siempre tan temida Carmen Rigalt (ardo en deseos de leer mañana su columna, fijo que no se le han escapado los miles de detalles en los que yo ni he reparado). Canapés, como siempre en el Círculo, es decir, escasos y repetitivos. Demasiada canaperos para tan pocos canapés.

Pero el acto tuvo su gracia. Pocas veces los editores pasan de cuatro o cinco frases al uso. No fue el caso. Había mucha prensa y no era plan desperdiciar la ocasión. Cada uno defendió lo suyo. La responsable de la editorial recordó las maravillas de los libros que publican y lo buenos que son persiguiendo autores. Mayte Pagaza, presentadora del acto, llevando su discurso hacia las víctimas del terrorismo y la impagable labor de los jueces en el País Vasco y el otro presentador, Eugenio Galdón, amigo y ex profesor de la autora, alabando las innumerables virtudes de ella. De ella dijo perlas como “infatigable e inteligente”. No lo dudo. Para ser ambiciosa estas son dos virtudes necesarias.

Y ahora a vender. Es lo que toca. No me atrevo a aventurarme. Los caminos de la venta de los libros son inescrutables e inexpugnables. En cualquier caso, felicidades a la autora y la editorial. Hay que tener un par para publicar este libro. Y, por lo que se ve, a ambas les ha sobrado.

Por cierto, a la autora, intuyo que por los nervios, se le olvidó darle las gracias a su marido. Imagino que se las dará en privado. Tan en privado como las confesiones que él le ha dado para escribir el libro y que ella generosamente ha compartido ahora con todos nosotros..
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