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¿Votaciones? ¡Para qué!

domingo 21 de junio de 2015, 12:09h
Ahora que la democracia y su concepto vuelve a estar de moda, van los políticos y nos demuestran cada día que aquello de los votos no tiene mucho valor. Hablo de Cataluña, donde Artur Mas, alias el Mesías, aunque en lugar de abrir la aguas abre las urnas, convoca elecciones por tercera vez. Nunca nadie convocó tantas votaciones para que en una vez seguida de otra, ir perdiendo votos por el camino. Pero oye, que el señor es persistente.

Y ahora se rompe el matrimonio de Convergecia y Unió. Muchos han descubierto estos días que no eran lo mismo, ¡fíjese usted si era sólido el matrimonio!. Esa bicefalía repartida en CIU con Mas protegiendo los intereses de Cataluña en casa, y Duran i Lleida haciéndolo en la plaza de Madrid donde se siente muy cómodo, siempre había funcionado. Esto hasta que Mas en una tarde valiente y reveladora pasa de nacionalista a independentista, y aquí su colega Duran se aparta. Y que quede claro que quien vira es Mas, no al revés. Pero lo curioso del caso no son las rupturas, sino lo que ha ocurrido en Unió.

Duran convoca a sus compañeros de partido a votar sobre la posición que van a llevar de cara al 27S, y la postura no soberanista gana por un estrechísimo margen. Pero gana. Difícil lo tenía, porque excepto a su líder, Duiran i Lleida, al resto de miembros del partido democristiano, no les han dejado o no han querido pronunciarse en medios de Cataluña para lograr adeptos. No ha habido campaña en este sentido. pero la cuestión es que como gana esta vertiente más moderada, pues oiga usted, no me gusta el resultado y me voy. Muy bien, eso es democracia, es decir que los miembros de Unió que no están de acuerdo con el resultado de esa votación, no porque la cuestionen por un pucherazo, si reconocerla la reconocen, pero no la acatan, entonces ¿para qué se vota? Si realmente luego cada uno iba a hacer lo que quisiera ¿ una tomadura de pelo? No es serio señores, si ustedes se exponen a una decisión mayoritaria no pueden huir en desvandada cuando algo no gusta. Imaginen que pase esto con otro tipo de decisiones. Está bien, votemos y elijamos. Y después del resultado pues los "perdedores" cogen, y se largan por la calle del medio sin asumir esa decisión.
¡Esto es democracia personal, no colectiva!
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