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El hundimiento

lunes 19 de octubre de 2015, 08:35h
Un título tan descriptivo sirve para dar una definición, más o menos coherente, a cualquier tipo de desastre natural, financiero o político. Y a este último me voy a referir, tomando como escenario el título de la película de Oliver Hirschbiegel, protagonizada por Bruno Ganz. Sin embargo, no es mi propósito ahondar en los acontecimientos que llevaron aquel mes de abril de 1945 al hundimiento del Partido Nazi y, con él, al final de la contienda bélica con el suicidio de Hitler. Más bien intento establecer cierto paralelismo entre aquellos acontecimientos y la situación actual que vive el Partido Popular, con un Mariano Rajoy cautivo de su propio fracaso y una situación interna insostenible, donde los sabios son juzgados como traidores, y los necios como héroes, mientras apuntalan a un líder que se precipita inevitablemente al bunker de la desesperación y el hundimiento definitivo.
Ni la reunión en Toledo del fin de semana pasado, donde los altos jerarcas del Partido quisieron venderle al führer la idea de que caminan por el sitio correcto, a fin de no perder un ápice del efímero poder que representan, ni la puesta en escena del Cigarral de las Mercedes, dando una impresión al electorado de unidad interna, cuando más de uno tiene la pastilla de cianuro en la mano, por si se acerca el momento final, sirven para acallar las voces críticas que se alzan desde distintos puntos del Partido Popular, para denunciar una situación crítica y desesperada, a dos meses de las elecciones generales.
Y es que tanto la dimisión forzada de Arantza Quiroga; presidenta del PP vasco, como la explosión de sinceridad del ministro Montoro, no han servido para hacer reflexionar a los dirigentes que tienen la misión y responsabilidad, como su propio nombre indica, de dirigir sabiamente a Mariano Rajoy hacia una situación final pactada, con el consenso entre afiliados y simpatizantes, a fin de no provocar el hundimiento del sistema político del PP y mantener la esperanza de que pueda haber en un futuro un líder renovador, dentro del conservadurismo, que aporte nuevas esperanzas sobre viejas políticas.
Poco o nada se ha hablado entre los participantes en la reunión de Toledo de la situación en que va a quedar el PP vasco, fracturado y postergado a un plano irrelevante en la Comunidad Vasca tras la marcha forzada, que no abandono, de la carismática Quiroga, un partido que dejará de ser referente de algunos para convertirse en algo anecdótico, como está ocurriendo en Cataluña, ya que a mi juicio, el paso de Alfonso Alonso por la cúpula del partido en Génova y en el gobierno, le resta más apoyos de los que suma en Euskadi, y no porque carezca de militantes y simpatizantes, sino porque la situación actual de crisis interna y externa, lleva a quien siempre les ha votado a buscar ideas afines en otros partidos políticos, como es el caso de Ciudadanos en las pasadas elecciones en Cataluña.
Lo que verdaderamente produce desasosiego entre los militantes del Partido Popular, o al menos entre los que lo confiesan en público y en privado, no es tanto que se critique y defienda la actuación de Rajoy en problemas capitales, como la corrupción o el paro, el problema es que los postulados actuales en el PP, en materia social y económica -aunque Rajoy siga pensando que todo va bien- continúan dando la espalda a los ciudadanos y favoreciendo a los grandes monopolios, como la banca y las compañías de servicios.
Los ciudadanos no entienden, o no entendemos, que sobre los casos que afectan a los usuarios, que somos todos, no se apliquen medidas que sirvan para frenar el despropósito que ejercen este tipo de compañías, como las cláusulas abusivas de los bancos, o el movimiento especulativo de los carburantes y las eléctricas. Una oportunidad de oro para un partido que gobierna en solitario, para un partido que genera tanto odio en la actualidad, como simpatías hace cuatro años cuando Mariano Rajoy salió elegido presidente por mayoría absoluta.
Prácticamente todos los agentes políticos y económicos de este país, al margen de los del Partido Popular, coinciden en que el modelo de actuación del gobierno ha pasado, que el momento dulce que nos han hecho creer que existía ha tocado fondo, ha llegado a su fin, y que ahora por lo tanto, lo que queda es asumir el hundimiento con el menor desgaste posible, para que en un futuro el Partido Popular pueda regenerarse y ofrecer algún tipo de alternativa, porque de lo contrario estaría firmando su propia sentencia de muerte.
Ismael Álvarez de Toledo
periodista y escritor
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